La inseguridad como mercancía política


Nadie se atrevería a decir apenas un par de años atrás que la inseguridad encabezaría la lista de reclamos de la sociedad para con la clase política, pero contra todos los pronósticos, hoy el tema encabeza la nómina de cuanta encuesta se guste hacer. Es que en estos días, en los que la vida humana no se valora en absoluto y los delincuentes son capaces de asesinarte a sangre fría por un celular, un objeto que tiene en su bolsillo el ochenta por ciento de las personas que circula por la calle, todos somos potenciales víctimas.

Los cientos de asesinatos cometidos en Rosario en el último tiempo, donde la situación evidentemente se la ha ido de las manos al poder político, la conducción de la fuerza estatal, el poder de policía, su rol frente a la sociedad, la connivencia probada con el narcotráfico y el delito, ponen en juego la reputación de la mismísima institución que debería ser la encargada de cuidarnos, y cada día aparecen nuevos casos de complicidad con quienes prefieren vivir al margen de la ley.

En el medio, dos poderes del Estado pugnan por no ser los responsables, aunque ambos los son frente a la sociedad. Por un lado el poder político acusa al Poder Judicial, de ser demasiado permisivo con la aplicación de las normas, por el otro, el Poder Judicial señala a los parlamentos de ser demasiado contemplativos con quien delinque en la sanción de leyes.

La cultura y la pobreza son dos factores excluyentes del delito como tal. Quienes tienen valores inculcados desde pequeños que los progresos se ganan con el sudor de la frente, no piensan en delinquir. Y quienes sufren privaciones, pero tienen todo para revertirlas, no necesitan delinquir para mejorar su standar de vida.

Los políticos viven de satisfacer necesidades ajenas, detectando problemas, realizan diagnósticos, elaboran posibles soluciones, las difunden, y si el electorado les cree, luego tienen la responsabilidad de llevarlas adelante, claro que eso es lo más difícil, una cosa es estar de un lado del mostrador y detectar el problema, y otro muy distinto ser eficaz para solucionarlo.

La puja entre el Estado Nacional y el Provincial para afectar cientos de personas al combate del flagelo que hoy conmueve a los rosarinos, santafesinos al fin, pero con cifras alarmantes superiores al resto del territorio provincial, es sólo un capítulo de la lucha que se avecina por hacerse del poder en la provincia. Cambiemos apunta a gobernar Santa Fe, y el socialismo, replegado ya de la lucha nacional a retener para sí el bastión que le da sustento.

En el medio hay cientos de muertos, la mayoría pibes inocentes, que nada tenían que ver con el delito y que perdieron su vida a manos de tipos a los cuales la vida humana no les importa nada. También hay otros, que carentes de oportunidades ingresaron imprudentemente a mundo en el cual la traición y el "progreso", se pagan con sangre, la mayoría por falta de mejores oportunidades.

En el medio se coló la pelea por el 2017, donde Cambiemos ya apuntó a Luciano Laspina como candidato a renovar su banca de diputado nacional, que ocupa actualmente, completando el inconcluso período de Miguel del Sel en la cámara baja, mientras el ex Midachi se pasea como embajador por Panamá, organizando partidos de fútbol y agasajos protocolares.

Por el otro el socialismo vela las armas, sabe que las legislativas del año próximo, donde está dispuesto a poner sus mejores hombres, son el prolegómeno de la pelea final del 2019, donde se pondrá en juego la gobernación de la provincia y donde está dispuesto a aportar a sus mejores hombres para mantener la bota bajo su mando, a riesgo de la propia extinción de fracasar en el intento.

Además, el radicalismo, inmerso en una interna feroz, entre quienes pretenden acompañar al Gobierno y los que saben que tarde o temprano el neoliberalismo nos conduce al abismo, que intentan poner prudencial distancia. El peronismo aún está reponiéndose de una derrota para la que no estaba preparado, se debate entre forjar nuevos liderazgos y lealtades al pasado.

Las dudas del Gobierno Nacional pasan por ayudar al socialismo a combatir el flagelo de la inseguridad y mostrarse como eficientes garantes de la seguridad o dejarlos que la bomba les estalle en las manos y hacer leña del árbol caído más tarde, asomando como los únicos candidatos a terminar con todos los males en la provincia.

En el medio hay gente muerta, familias destrozadas, vidas sin sentido, no vidas, lágrimas interminables, proyectos truncos, producto de un juego de poder que llegó muy lejos, que duele demasiado y amenaza al mismísimo sistema. Es hora de dejar de lado las mezquindades, de asumir responsabilidades, de dejar la lucha política de lado y trabajar para la gente, para que no nos gane la muerte, irremediable, injusta, dolorosa y fatal.



       

     

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