El socialismo se expone a la ruptura por pelea de Lifschitz y Bonfatti en camino a la gobernación


Mirar para otro lado, así podría definir la foto el momento inédito que vive el socialismo de la provincia, con una encarnizada interna entre sus dos máximos referentes, Lifschitz y Bonfatti casi a flor de piel. Como nunca antes, las diferencias quedaron expuestas y ya no son puertas para adentro, declaraciones de ambos ratifican que el socialismo se encamina indefectiblemente a una interna en las PASO para dirimir su candidato a gobernador dentro del desmembrado Frente Progresista.

Bastará señalar que la última interna socialista terminó en ruptura para saber que estamos hablando de algo serio, aquella vez, Binner se impuso a Giustiniani y Pechito terminó rompiendo y haciendo rancho aparte, al punto que hoy es casi un opositor más en la Legislatura Provincial y armará un frente con Del Frade y algún sector del peronismo de cara a las próximas elecciones.

Bonfatti no puso mucho entusiasmo en la pretendida reelección de Lifschitz y eso está claro. El proyecto de Reforma Constitucional que lo habilitaría todavía duerme en los cajones de la la Cámara de Diputados que preside, con fuerte resistencia por parte del PJ y de algunos soldados propios y se encamina a su extinción legislativa por el mero transcurso del tiempo. Incluso aparecieron algunos carteles en la capital provincial con la leyenda Bonfatti gobernador en la misma semana en que el mandatario santafesino envió el proyecto a la Cámara.

Ahora, pasado y el tiempo y sepultadas definitivamente las aspiraciones de Lifschitz, y cuando todo hacía suponer que Bonfatti se encaminaba a ser candidato por el socialismo para sucederlo, el gobernador dejó entrever que podría haber una interna para dirimir candidato dentro del Frente Progresista y todos los cañones apuntan al ministro de Seguridad, el radical Maximiliano Pullaro.

Esta jugada, abre un nuevo frente dentro del propio Frente. Desde hace tiempo, los radicales exigen alternancia en los espacios de poder hartos ya de ser acompañantes de la fórmula socialista y perdido por perdido, Lifschitz podría darles el gusto de encabezar, saldando la cuenta contra quien no parece haberse esforzado demasiado por su reelección. Encima el radicalismo está fragmentado, la mitad de sus dirigentes navegan a dos aguas entre Cambiemos y el Frente Progresista y hasta si pueden cobran por las dos ventanillas.

Así las cosas el socialismo gobernante afronta por primera vez una interna que amenaza con una nueva escisión. Mientras tanto, en Cambiemos se frotan las manos, aunque tampoco las tienen tan fáciles, porque Angelini y Corral van por idéntico camino, no muy diferente del que transitan Perotti y Bielsa, pero eso será motivo de otro análisis, en próximas columnas. 


Fernando Viglierchio

(Especial para RosariNoticias)

    

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