Barrionuevo, Camaño y Urtubey parecen ser el límite de un sector del socialismo


Tras la confirmación de los candidatos a diputados nacionales del socialismo, la puja electoral quedó zanjada para el lado de Miguel Lifschitz, que colocó a sus hombre y mujeres más cercanos en los puestos estratégicos de la lista. El cierre con Consenso Federal 2030 le permitió al menos, como premio consuelo de su no candidatura a la vicepresidencia un intento concreto de colocar socialistas en la cámara baja.

Sin embargo, el alineamiento de Lifschitz con la fórmula Lavagna - Urtubey, no es compartido por algún sector minoritario del partido, que se opone a estar referenciados con sectores del peronismo como los que representa el sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo <autor de la famosa frase "si dejamos de robar dos años vamos a andar bien".

Camaño le ganó finalmente la pulseada a Margarita Stolbizer, y será primera candidata a diputada por Buenos Aires. Margarita, relegada en el espacio volvió a sus fuentes y presentará un libro que denuncia "la corrupción kirchnerista", y el primero que recibió un ejemplar de sus manos fue el presidente de la Nación, Mauricio Macri, en algo parecido a un acercamiento que espanta a aliados progresistas.

Lifschitz mantuvo reuniones con Urtubey, Schiaretti y con el mismo Lavagna, se autopostuló para ser su vicepresidente, luego jefe de Gabinete, pero no logró convencer al es ministro de Economía, que al menos le dejó manejar la lista de diputados de su provincia por el espacio. En algún sector del socialismo acusan al gobernador de cortarse solo en la negociación, de tener una actitud personalista.
Una nota de La Capital de ayer hablaba incluso  podría producirse una fractura en el espacio político "en las próximas horas".

La estrategia nacional de mantenerse alejados de los extremos, tanto del kirchnerismo como del macrismo, en una delgada tercera vía, que se angosta cada vez más cada día que pasa, deja poco espacio para los sueños. La suerte de Lavagna parece estar echada por la polarización que se agudiza, a medida que se acerca la elección y el socialismo quedará pronto huérfano de poder.

Perdió el bastión de Rosario después de 30 años, a pesar que se intente disimular que al menos la conservó el Frente Progresista, perdió la provincia a manos del peronismo, y solo la contundente victoria en Diputados logró salvar la ropa. Deberá volver a las fuentes, reformular estrategias, y por sobre todas las cosas, volver a hacer política sin plata, algo que las nuevas generaciones de militantes no habían experimentado.

No habría que descartar que pasadas las PASO, e incluso la primera vuelta electoral, y de haber baltaje, eventualmente algún sector del socialismo referenciado en Antonio Bonfatti no se vuelque decididamente a acompañar al peronismo representado por los Fernández, algo que Lifschizt no estaría dispuesto a hacer

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