Javkin enfrenta la disyuntiva entre gobernabilidad o dinero


Por estas horas, el intendente electo de la ciudad, Pablo Javkin enfrenta horas difíciles, ya que la delicada situación económico financiera que enfrentan municipios y comunas de la provincia no escapa a Rosario y tendrá un duro escollo cuando asuma en diciembre. Deberá decidir con quien aliarse a la hora de buscar consensos en el Palacio Vasallo, ya que el Frente Progresista no cuenta con mayoría suficiente para imponer proyectos.

El socialismo, que dejará el poder tras treinta años en la intendencia sumó al PRO en su estrategia por aprobar numerosas iniciativas relacionadas a incrementar ingresos, aprobar presupuestos, aumentos de boleto, TGI, DREI, y otras tasas municipales. Por otra parte, tenía en la provincia otra fuente inagotable de  recursos, que salieron en su auxilio cada vez que los necesitó. Así pudo sortear el problema de la eliminación del Fondo Sojero, subsidios al transporte y reducción de ingresos por masivos cierres de comercios.

Ahora gobernará el peronismo en Santa Fe, Rosario necesita imperiosamente sostener ingresos destinados a salud y transporte, e incrementar otros. Cambiemos todo hace suponer que no retendrá la Nación, y sólo podría aportar los nueve votos en el Concejo, que podrían servir para armar una nueva mayoría, pero plata, lo que se dice plata, no podrá arrimar. Parece poco negocio tener mayoría legislativa y no dinero.

El peronismo, que gobernará Santa Fe necesitará imperiosamente de la mayoría socialista en Diputados, para darle gobernabilidad a Perotti, tendrá recursos teóricamente si Fernández finalmente se impone el 27 de octubre, y podría ser un buen aliado de Javkin, que podría darle votos y plata, un combo seductor para una administración que no puede afrontar en este momento ni siquiera con seguridad el pago de salarios y el aguinaldo a apenas quince días de asumir.

Javkin es radical, surgió de la Franja Morada en los 80', fue diputado nacional por el espacio de Elisa Carrió, de donde huyó a tiempo cuando la cofundadora de Cambiemos viró a la derecha. Hoy, con un espacio minúsculo denominado Creo, apoyado por la estructura universitaria que le otorga el rector Bartolacci, esposo de su aliada incondicional Schmuck se encuentra ante el desafío de su vida, pero sin un peso en la caja.

Sabe que su posible alianza con el peronismo tendrá un costo que deberá pagar, pero que mucho más caro le saldría no arrimarse. Deberá decidir más temprano que tarde para donde quiere encarar, no será fácil. El socialismo lo apoyará en principio, pero ya no tiene ni votos ni plata. Además, más temprano que tarde buscará recuperar la poltrona mayor del Palacio de Los Leones, la usina generadora desde donde surgió, con algún nombre de mayor peso, cómo Lifschitz o Bonfatti.

Mientras tanto, atraviesa como puede sus últimos días como concejal, falta más de lo habitual, mantiene reuniones con todo el mundo, incluso con gente que está en las antípodas de su pensamento político como Amalia Granata. Lo que viene no será fácil, los rosarinos le dieron la posibilidad de cumplir su mayor sueño, conducir los destinos de la ciudad, en el peor momento, es cierto. Deberá manejar en la tormenta, y buscar salir ileso de un año muy difícil, como será el 2020.

      

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