Alfonsinazo en la capital del peronismo


Hoy se cumplieron 36 años del triunfo electoral de don Raúl Ricardo Alfonsín, un 30 de octubre de 1983, pero un par de días antes, el todavía candidato pasó por Rosario, donde realizó un acto histórico en el Monumento a la Bandera, sin dudas uno de los más multitudinarios que vi en mi ciudad, la otrora "capital del peronismo".

Tenía apenas 15 años, corría sangre peronista por mis venas, había heredado desde la cuna el amor por el Justicialismo, soy hijo de un ex diputado bonaerense en el 73' y una activa militante y la masiva movilización me encontró en un momento difícil en lo personal.

Mi abuela materna estaba internada en un hospital en calle Corrientes entre Mendoza y 3 de febrero, casi desahuciada, y yo viajaba en colectivo para darle mi último adiós. Venía por Sarmiento, y al llegar a la intersección de la peatonal Córdoba, el ómnibus ya no pudo avanzar. La marea de gente que se desplazaba hacia el acto hizo que descendiera, a sabiendas que seguramente llegaría antes que esperando el incesante transitar de miles de radicales dirigiéndose a Córdoba y Primero de Mayo.

Al llegar a la esquina, me encuentro en medio de la marea blanca y roja una mesa peronista, con unos diez valientes compañeros que desafiantes, vendían escuditos peronistas, fotos del general, ejemplares de la revista Línea y repartían votos de Lúder.

Mi espíritu militante pudo más que la obligación familiar impostergable y decidí quedarme a hacer el aguante con los cumpas, a quienes en su mayoría ni conocía. Podría decir sin temor a equivocarme que nadie se percataba de nuestra presencia, ni bola nos daban, no lográbamos entregarle un voto a nadie, puros boina blanca que nos ignoraban por completo.

Pero no desistíamos, en el complejo escenario, algunos comenzaron a cantar, como para llamar la atención. "Boinas blancas, banderitas, a los nenes de mamá, pero los votos del 30...se los lleva el general". Ni así, ni siquiera nuestra actitud provocativa los distraía un instante de su marchar incesante en busca de su encuentro con el líder y caudillo radical que movía multitudes. 

Pasaron miles, miles y miles, calculo que por más de una hora, hasta que vemos que a la distancia se acerca una columna con un enorme pasacalle que llegaba a todo lo ancho de la calle y decía "Junta Coordinadora Nacional". Che, dice uno...mirá eso, sí contesta con preocupación otro. Ya se van a correr, dijo un tercero, cuando estén por llegar acá lo repliegan, la materia es impenetrable. Ya estaban a cincuenta metros, a treinta, a diez. Dejamos de cantar, y nos preparamos para lo peor. 

De una sola patada nos volaron la mesita, a la mierda los escuditos, los votos, las revistas, y después una lluvia de golpes terminaron con "la resistencia peronista" en dos o tres minutos, estábamos en abrumadora inferioridad numérica. Cobramos para el campeonato, salimos bastante lastimados, merecida paliza que debieron darnos un rato antes. 

Varios años después, ya mucho más adentrado en la militancia varios de mis buenos amigos radicales me contaron que habían estado entre quienes nos había fajado, y sin rencores recordamos aquella anécdota graciosa. A los pocos minutos comenzamos a evaluar daños, intentamos recoger algo de lo que quedó, volvimos a poner el caballete y el tablón, e insistimos con la cabecera de playa en medio de los pocos que todavía iban al acto, ya llegando tarde. 

Con varios indisimulables magullones en la cara llegué al sanatorio y pude despedirme de la Querin, mi abuela querida, que aún agonizaba. Alfonsín ganó las elecciones dos días después y yo, un pibe de 15 años había tenido mi debut en escaramuzas por política, que por suerte hoy, a mis 51 ya no tengo, me volví mucho más tolerante y radicales de Raúl quedan muy pocos y por suerte, son de los nuestros...

Fernando Viglierchio

(Especial para RosariNoticias)



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