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La ciudad cumple una semana sin transporte y la solución no parece cercana


En plena pandemia y estricta etapa de aislamiento social, preventivo y obligatorio, el transporte público tenía apenas el 15% de sus pasajeros habituales, con la misma frecuencia, y esto provocaba según el Ente de la Movilidad una pérdida diaria de unos ocho millones de pesos. Mañana lunes, se cumplirán siete días completos de paro de los choferes por la falta de percepción total de sus salario.

El intendente municipal, Pablo Javkin señaló que se trataba de un problema genérico, que no afectaba sólo a la ciudad y que sin subsidios del Gobierno nacional era imposible sostener el sistema bajo las actuales circunstancias. Desde el peronismo le contestaron que desde que asumió la nueva administración el dinero girado para el TUP se cuadruplicó. Pero el poncho no aparece.

No hay que ser muy dúctil con las matemáticas para sacar la cuenta que de resultar cierto que se "pierden" (el transporte es un servicio y no debe considerarse como tal) cerca de ocho millones de pesos diarios, durante siete días se habrían acumulado unos cincuenta millones de pesos, monto por demás de suficiente para abonar los salarios caídos. Pero no parece funcionar de esa forma, la plata no está, de lo contrario ya se hubiera arreglado.

La Municipalidad reaccionó de manera diversa. Por un lado dispuso el retorno de las bicicletas públicas, amplió temporalmente las bicisendas a lugares donde no estaban previstas, promoviendo los desplazamientos en ese medio de transporte individual, de bajo costo y sumamente ecológico. El Concejo Municipal acompañó proponiendo líneas de crédito para la adquisición de bicis.

Por otro lado, los sitios de estacionamiento se ampliaron notablemente en el área central. Desde el comienzo de la pandemia no rige el sistema de Estacionamiento Medido, no funcionan los carriles exclusivos, y esos espacios son aprovechados por miles de autos en los que se desplazan quienes vienen al centro, hasta incluso se estaciona en lugares expresamente prohibidos, como sectores de calle Rioja, Entre Ríos, Maipú, sólo por nombrar algunas arterias.

La secretaría de Control y Convivencia municipal acompaña, y no labra multas, hasta en los últimos veinte metros reservados para el transporte se llenan de vehículos sin sanción alguna. El comercio, que por ahora funciona en horario corrido vespertino y los bancos que lo hacen desde hora temprana son llamadores de afluencia de gente al centro, pero es como que la gente ya se ha organizado para venir en un solo auto, pasando a buscar compañeros y comparten los gastos de traslado.

Los taxis volvieron a tener gente, a pesar de su alto costo, y ya se mueven bajo estrictas normas de bioseguridad, con divisores entre el conductor y los pasajeros, recaudando todavía un 60% de lo normal. El tema principal es que la normalidad ya era baja, teniendo en cuenta que los recursos son escasos y se vieron perjudicados aún más en pleno aislamiento.

Así Rosario se fue acostumbrando a no contar con sistema de transporte, por un término prolongado. Nunca se había llegado a tal fenómeno, sólo los memoriosos recuerdan que hace algo más de medio siglo hubo una huelga similar, pero la líneas de trolebuses estatales suplían parcialmente la ausencia de otro tipo de transporte.

Nunca sucedió una pandemia es cierto, eso altera todo, pero tampoco pasó que una ciudad de la relevancia de Rosario, con movimientos que ya alcanzan el 70% carezca de es vital servicio. Algo será diferente cuando retorne, ya nada será igual, será hora de empezar a repensar si  el sistema de transporte público tal como se lo conoció es la mejor opción, si el Estacionamiento Medido tiene sentido, siendo que aún en la permisividad de estacionar las calles no colapsan y se van autorregulando, habrá sin dudas que repensar la movilidad para el futuro.

Mucho se machacó desde sitios oficiales con el mensaje que el transporte era uno de los principales focos de contagio del coronavirus. Y la gente así parece haberlo entendido. Por eso funcionaba con poca gente sobre los coches. Los desplazamiento eran los estrictamente necesarios, y no tenía sentido tener esa flota circulante con esa escasa cantidad de potenciales clientes. No había forma de no perder, y eso contribuyó al previsible colapso.

El vienes 3 de abril, cuando miles de personas se agolparon en los bancos para cobrar jubilaciones, pensiones y planes sociales, se pudo tomar esta imagen que acompaña la presente nota. Cinco colectivos agolpados en la parada de San Lorenzo y Entre Ríos, la mayoría de ellos repletos de personas agolpadas sin guardar las distancias necesarias ni recomendables y el mensaje de esa forma es confuso y contradictorio. Será menester que de retornar el sistema, esperamos que lo antes posible, se establezcan cupos máximos, frecuencias diferentes, y estrictas medidas de higiene y seguridad.



    



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