Duhalde: "por momentos, siento que los argentinos nos hemos vuelto locos"

Para mí, la política siempre estuvo basada en la búsqueda de esos consensos que llevan adelante los proyectos orientados a beneficiar a la gente. Es por eso que me cuesta mucho entender lo que estamos viviendo en el último tiempo. Y principalmente lo que está protagonizando nuestra dirigencia política. Por momentos, siento que los argentinos nos hemos vuelto verdaderamente locos.


No sé a qué atribuirlo, aunque a veces siento que los políticos al igual que el resto de la sociedad estamos sufriendo los estragos producidos por la pandemia/cuarentena.

De manera inexplicable vemos a diario como se reeditó lo que yo llamo el Club de la Pelea, donde los dirigentes no hacen más que lanzarse insultos o amenazas en lugar de tomar el camino del diálogo.

No nos tiene que parecer normal que el ex gobernador de Mendoza y actual presidente de la U.C.R., Alfredo Cornejo, pida la independencia de su provincia para constituir un nuevo estado, o que el ex dirigente Luis D'Elía sostenga que al ex presidente Macri habría que fusilarlo en la Plaza de Mayo frente a todo el pueblo y mucho menos que el ex concejal radical de Córdoba, Julio Carballo, pida que el Coronavirus “haga una limpieza étnica” (…) “que se quede en La Matanza” y tengamos “5 o 6 millones de negros menos”.

Y tampoco, que en paralelo la directora general de Asuntos Jurídicos del Senado, Graciana Peñafort, ante un fallo que no fue de su agrado, advierta a la Corte Suprema de Justicia que debe decidir “si los argentinos vamos a escribir la historia con sangre o con razones” o que Hebe de Bonafini le exija al presidente Alberto Fernández que “tome las riendas” de los medios de comunicación: “Son basura y una m…”.

Leo y releo estás declaraciones y me vuelvo a preguntar ¿qué nos está pasando? No se trata de discutir sobre las modalidades del gobierno, sino que es necesario reflexionar y replantear las modalidades de la convivencia política. Necesitamos acordar políticas de Estado. La complejidad de los problemas en el mundo actual, post pandemia, requiere de la construcción de consensos de tal alcance que exigan superar la división entre “nosotros” y “ellos”, para pensar en términos de “todos nosotros”.

Podemos disentir respecto a lo que pensamos, pero siempre dentro del respeto y las buenas costumbres. Lograrlo, no sólo significaría facilitar el diálogo sino, y por sobre todo, darle cabida a la participación de los demás.

Veo azorado también, como dirigentes de una vasta trayectoria, siempre sustentada sobre una discusión constructiva, se cruzan de manera agresiva con un interlocutor de turno. Nada los detiene, ni el dolor que provoca la muerte, como los enfrentamientos que generaron y aún generan el caso del fiscal Nisman, el de Santiago Maldonado o el del recientemente asesinado Fabián Gutiérrez.

Me apena que no se den cuenta que estas prácticas lo único que consiguen es dañar las instituciones de la Argentina. No debemos esperar que las soluciones provengan de un grupo de dirigentes “iluminados”, sino del esfuerzo consensuado y compartido de todos.

Además de proponer ideas y proyectos, el rol del político es sin ninguna duda el de crear escenarios, a través del diálogo y el consenso, para que esas ideas se conviertan en soluciones factibles y positivas para los problemas de la sociedad. Admito que no será un camino sencillo, pero estoy convencido de que es el más adecuado para elaborar y ejecutar las políticas de Estado que ayuden a fortalecer nuestras instituciones y la gobernabilidad de nuestra República.

De no hacerlo, ninguna buena intención que tengan nuestros gobernantes del presente o a futuro, podrá cristalizarse si antes no se termina definitivamente con este flagelo estructural que es el de pelearse como perros y gatos.

Eduardo Duhalde. expresidente de la Nación

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