Los vericuetos de la democracia y la estupidez


Argentina, a diferencia de otros países del mundo como Estados Unidos o Chile, transcurre esta pandemia sin declarar el estado de sitio, ni menos aún, toques de queda o la ley marcial. En términos de garantías constitucionales no existe ninguna suspendida. La variopinta marcha de ayer, donde miles de personas se manifestaron libremente en varios puntos del país, por diversos motivos, pero fundamentalmente para expresar su oposición al Gobierno, dejó en claro varias cuestiones que los invito a reflexionar. (Por Fabián Di Nucci).

Si hablamos de libertad de prensa, da la impresión que Jorge Lanata, Marcelo Longobardi, los Leuco (el ex MTP y el que llorizquea asustado por la violencia), todo el plantel de chicas y chicos exaltados de TN, Cristina Pérez, que hace sobrados méritos para su desembarco en El Trece, "te saludamos todos los de Cambiemos" Tato Young, charuto Feinmann, Baby Face Johnny Viale, el doctor Zin (sin), el inclasificable Baby Etchecopar, el multipremiado y luego espiado Alconada Mon, el siempre listo Morales Solá, la ultramacrista confesa Silvia Mercado, "José fotocopia" Cabot, el runner Majul, Luis Novaresio, Alejandro sorpresa Fantino, el raro Sehinkman y su más raro panel, Paulo Vilouta, Débora Plager, el filósofo Fontevecchia, lo que queda del diario Clarín, los restos del diario La Nación, Perfil, Infobae, toda la radio Mitre (bien puesto tiene el nombre), la Red, Radio Rivadavia (más que bien puesto tiene el nombre), dicen, opinan, adjetivan, cuestionan, atacan, convocan y directamente organizan las más variadas formas de oponerse a cualquier cosa que haga el Gobierno.

No parecen condicionados, asustados ni amedrentados. No aparenta, ni mucho menos, que esté en riesgo la libertad de expresión. Un repaso sencillo, siempre cuantitativo porque cualitativo es imposible, indicará que son una enorme mayoría los medios, programas, periodistas y comunicadores opositores, que los "adictos" al Gobierno. A ninguno, además, se lo trató como trataron a los movileros de C5N el 9 de Julio.

Tampoco, claro, se puede pretender que libertad de prensa signifique nunca investigar la comisión de un posible delito porque haya un periodista en el medio, son al fin y al cabo personas, a las que les es aplicable el Derecho y le comprenden las generales de ley. Y en los particulares casos de Santoro y Majul lo que se investiga es eso: la posible comisión de un delito (y uno de los más repugnantes habida cuenta de la historia argentina). Con mucho menos, durante el macrismo, algo similar hubiera significado la prisión preventiva de ambos.

Hoy, cualquier periodista, de cualquier programa, pregunta con una brutalidad y un desparpajo de experto pero exhiben la más supina ignorancia. En muchos casos mienten en forma alevosa o desvían la noticia para adaptarla a sus necesidades o las de sus empleadores. Se indaga incluso al propio presidente de la Nación, Alberto Fernández, que se presta gentilmente a extensos reportajes incluso, de la mayoría de los medios que no le son afines, osea casi todos. 

Ellos son incombustibles, resisten cualquier papelón, como el de Susana con los dinosaurios, y cuando les contestan como se merecen, lagrimean por Twitter, con frases de culebrón. Con un mínimo de honestidad, ninguno puede decir seriamente que se los haya coaccionado, condicionado, apretado o perseguido para que dejen de decir, escribir y opinar lo que se les parece.

Otra de las consignas de algunos convocantes o marchantes de ayer es la transparencia. Está muy bien reclamarla y hace más de cuarenta años ya Bobbio la señalaba como una de las promesas "incumplidas" de la democracia (la global, no la argentina).

Siempre es importante bregar por la transparencia porque el poder puede beneficiarse ilegalmente, a costa de los ciudadanos. Puede nombrar amigos en vez de expertos, puede nombrar socios en vez de idóneos, puede prestarle plata a estafadores, puede designar competidores a cargo de empresas nacionales. Sobre todo puede espiarte en contra de la ley, como parece fue el modus operandi de algunos ex funcionarios del macrismo, comenzando por el que originó el nombre, que se deleitaba con los secretos ajenos, sean políticos, familiares, sindicales o deportivos. Casi casi, se diría, lo único que le quitaba el sueño.

Desde ya, el hombre se presume inocente, aunque esta sospecha vuelva sobre él, con la desgracia de haber sido procesado por lo mismo hace varios años. Pero, como reza el dicho popular "¿si es rico, para qué va a espiar?". Así y todo, cabe señalar que el desconocimiento del sistema penal en general y de los mínimos derechos que tienen las personas cuando rige el Estado de Derecho es asombroso.

Lo más curioso es que mientras exigen garantías constitucionales, se quejan cuando la Justicia, mal y tarde quizás, las aplica. Principio de inocencia. Debido proceso. Jueces naturales. La prisión preventiva es excepcional (pero fue la regla durante todo el macrismo).

La gente se indigna después de dejarse inflamar por esos mismos periodistas que operan en forma descarada y pertinaz desde hace muchos años, y que dictaminan como jueces condenando y linchando mediáticamente, muchas veces por un punto más de rating, y otras muchas con fines políticos y económicos claros.

Cuando luego la Justicia no encuentra pruebas, estallan porque "confirman" lo que ya sus prejuicios "sabían": son todos cómplices. Y se indignan, con una indignación casi masturbatoria, una indignación bruta, ignorante, con objetivos difusos y genéricos propios de repetir estupideces como si fueran los diez mandamientos.

Pero es su propia frustración, en pos de consignas absurdas como estar contra el comunismo y defender la propiedad privada, o sustentada sobre un odio espeso y permanente hacia el "pobre", el populismo", los "políticos", los "subsidios", que se enfoca sobre alguna figura, hoy por hoy CFK, la preferida por todos, cuando está y cuando no está, cuando habla y cuando no habla, cuando hace y cuando no hace. No hay nada más imbécil que la consideración general de una persona. Eso hacen todos los totalitarismos.

Desde 1983 no operaban todas juntas estas fuerzas antiargentinas, esta corriente de mezquindad y desprecio por el otro. Salen a la luz porque encuentran una agrupación que les quitó la vergüenza que sentían por pensar mal, por desear el mal, por poseer solo disvalores, por hacer un culto de la intolerancia, por rechazar la solidaridad.

Ya no les da vergüenza decir públicamente lo que antes apenas confesaban entre amigos, y se animan a pedir, como dijo el señor jubilado anticuarentena fallecido por Covid 19 Spotorno "viva EE.UU., ojalá hubieran ganado los ingleses, todo lo bueno es yanqui". y varias otras pelotudeces de ignorante colonizado pero orgulloso como los Cipayos: ese orgullo y ese desparpajo de solazarse en disvalores se lo brindó Cambiemos. Durante la semana que pasó, crimen de Gutiérrez mediante, vimos lo peor de estas gentes, y podríamos suponer que se tocó fondo, sino fuera porque la imbecilidad y el odio no tienen límites.

Por Fabián Di Nucci, abogado, periodista.

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