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Perotti impuso tarde un toque de queda de difícil cumplimiento e incomprobada eficacia

El Gobierno de la provincia de Santa Fe difundió ayer por la noche la medida que impone el cierre masivo de comercios desde las 19.30 y el cese de toda actividad lícita desde ese horario. Una medida antipática, necesaria desde lo sanitario, ante el inocultable incremento sostenido de casos de coronavirus, pero insostenible en los hechos para el comercio, que todavía paga los efectos de la pandemia, y la gente, que está harta de guardarse.  

El enorme daño perpetrado sobre las actividades comerciales, que podrá recién medirse adecuadamente cuando todo vuelva a la nueva normalidad, sufre ahora otro cachetazo al disponerse que no habrá actividades salvo para las farmacias después de las 19.30. El sector gastronómico por ejemplo, perderá un turno de atención al público y podrá permanecer abierto solo para entrega a domicilio y retiro de alimentos, denominados así solo por negarnos a la extranjerización de nuestro vocabulario, algo tan de moda por estos días. 

El resto de las actividades estarán vedadas. Difícilmente las cervecerías por ejemplo se llenen al mediodía, no porque beber cerveza no sea agradable a hora tan temprana, sino porque generalmente la mayoría de la gente continúa con su actividad. Los hoteles por ejemplo, trabajan con pasajeros que pernoctan, por lo tanto deberían decirle a sus clientes que se vayan a dormir quien sabe donde, como el decreto no establece horarios de apertura, deberían irse a una plaza hasta las 00.00 y en el primer minuto del día, regresar a descansar. En los gimnasios por ejemplo, al acortarse los horarios de atención concurrirá más gente a cada turno y se provocará el efecto contrario al deseado y lo mismo sucederá por ejemplo en las peluquerías, sólo por citar algunos rubros.  

El transporte no tendrá problemas, no funciona en Rosario desde hace varios días y nada hace pensar que eso vaya a cambiar en breve. A menos que ayer, el intendente Pablo Javkin haya aprovechado la visita del presidente Alberto Fernández a la provincia para designar a la ciudad como sede de la Hidrovía y recordarle que los fondos nacionales prometidos a la ciudad para sostener el deficitario sistema de transporte no llegaron y se quedaron en algún escritorio de algún funcionario de segunda o tercera línea. 

Un dato que nos llamó la atención y que quizás lo explique todo es que el 70% de los contagios de la gran masa de gente que se enfermó de coronavirus en el Departamento Rosario en el último mes, cifra que llevó a duplicar los contagios desde el comienzo mismo de la pandemia tiene menos de 44 años. Es decir que en la mayoría de los casos se trata de personas jóvenes, que son las más propensas a salir, juntarse, enfermarse en el peor de los casos y no sufrir consecuencias severas por ello. Los jóvenes le perdieron el miedo hace rato a la enfermedad y a las propias autoridades, que no controlan, no fiscalizan y no sancionan. 

Anoche por ejemplo y sólo por citar un "evento" de los tantos que se dieron casi a modo despedida, en La Florida, más de un centenar  y medio de personas decidieron armar un gran boliche a cielo abierto, llevaron heladeritas en los baúles de los autos, pusieron música, bebieron y bailaron hasta el amanecer. Esta mañana, en redes sociales se mostraban fotos donde todavía estaban las botellas esparcidas por toda la zona, sin que los organismos de control se hayan percatado de semejante y duradera violación a la prohibición de reunirse, ni los empleados que ejecutan tareas de limpieza hubieran aseado todavía. 

La gran aglomeración en las plazas y en los parques cada día de los fines de semana, donde no se respeta el distanciamiento social, donde la mayoría se ubica por afuera de los círculos destinados a establecer distancias, donde se bajan los barbijos con la excusa de pertenecer a la misma burbuja, de fumar o de beber, por más que sea a cielo abierto, con 20 mil o 30 mil personas charlando, riendo, corriendo y gozando, el virus circula y enferma. 

Rosario cuenta con un amplio centro de aislamiento en las instalaciones de la ex Rural. No se utilizó todavía, permanece impoluto, virgen, de no ser porque algunos de los brigadistas que llegaron para combatir el fuego en las islas pernoctó allí. Javkin dijo que esta semana seguramente entrará en funcionamiento. Tarde. debió haberse utilizado cuando aparecieron los primeros casos, que tenían nexo epidemiológico, para albergar a familiares que hubieran estado en contacto con ellos y evitar así que siguieran expandiendo del círculo de contagio. Pero no se uso.       

Los taxistas y remiseros <legales o ilegales> se quejan que perderán un 30% de su trabajo, por esas horas en las que no habrá actividad. Su trabajo mermó considerablemente de todos modos, no por un tema de horarios, la gente no tiene dinero, muchos perdieron el trabajo, y aún aquellos que lo conservan, perdieron poder adquisitivo frente a salarios en el mejor de los casos congelados, frente a una inflación que si bien mermó artificialmente, con congelamiento de productos y servicios, de todos modos se siente. 

Ninguna de las medidas que pudieran adoptarse serían apropiadas a esta altura de los acontecimientos. Nadie nació experto en pandemias, y eso es cierto, la última de esta magnitud data de un siglo atrás. La ministra de Salud provincial, Sonia Martorano dijo esta mañana que a su criterio el gobernador se quedó corto con la medida. Perotti lo sabe, pero ya no hay vuelta atrás, la sociedad no acompaña, apelar a la responsabilidad social ya no sirve, porque esta demostrado que no funciona, la gente es hija del rigor, ya no acata, no obedece, encarcelar por incumplir no se puede, por una mera cuestión material, que no habría donde encerrarla, ni se la podría mezclar con delincuentes comunes y todo se desmadró hace rato. 

El pasado sábado por la noche, miles de jóvenes se reunieron en domicilios particulares. Había que ser ciego para no verlos. Desde las 20, todos los kioscos estaban repletos, había cola en la calle para comprar bebidas, en las mochilas de cada uno guardaban las provisiones para "pasar la noche", ante la imposibilidad de reunirse en bares. En las puertas de los edificios se agolpaban tocando timbre esperando que sus amigos les bajaran a abrir. Estaban prohibidas las reuniones sociales, pero las únicas que no se enteraron que sucedió y masivamente, parecen haber sido las autoridades. 

Ya sin posibilidades ciertas de restringir nada, el gobernador decidió restringirlo todo. Los casos subieron de manera exponencial y ahora ya es tarde. Hubo un tiempo que podría haber funcionado, Rosario llegó a tener más de quince días sin casos de coronavirus, llegó a no haber circulación comunitaria por lo menos por cuatro meses, pero las fronteras con provincias como Buenos Aires y Chaco, donde la enfermedad hacía estragos permanecieron abiertas, no se efectuaron los controles correspondientes y el virus llegó, se esparció y ahora es imparable. Ojalá funcione, el tiempo lo dirá. 


Fernando Viglierchio

(Especial para RosariNoticias) 

    

    

       

     



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