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Estudia Francia la aplicación del toque de queda tras severo rebrote de coronavirus

Tras el cierre de los bares, Francia quiere tomar medidas aún más contundentes para no verse desbordada, en cuestión de pocas semanas, por la segunda ola de la Covid-19. Entre las alternativas que se barajan y que puede anunciar este miércoles el presidente Macron en una entrevista televisada figura la imposición de un toque de queda en las ciudades que están ya en alerta máxima, como París, Marsella, Lyon, Toulouse y Montpellier.

El toque de queda se ha aplicado con éxito, durante meses, en la Guayana –departamento francés de ultramar, en Sudamérica–, donde se logró bajar, de 1,7 a 1,1, la tasa de reproducción del virus (R), un factor clave sobre la velocidad de propagación de la enfermedad. 

En la Guayana el toque queda llegó a decretarse, en la fase más crítica, entre las 5 de la tarde y las 5 de la mañana, los días laborables, y entre la 1 de la tarde del sábado y las 5 de la mañana del lunes. 

En el periodo álgido de la primera ola de la pandemia también impusieron toques de queda temporales, a nivel local y menos extensos, ciudades como Nancy, Mulhouse, Montpellier, Béziers y Perpiñán. No está claro, en caso de que se confirme el toque de queda en la Francia metropolitana, qué horarios van a regir. 

Este martes lo ha discutido el consejo de defensa sanitario, reunido en el Elíseo y con presencia de epidemiólogos. El objetivo es restringir al máximo el contacto social, incluida la esfera privada. 

La oposición conservadora, por boca de Eric Ciotti, diputado de Los Republicanos (LR) , se mostró favorable a este toque de queda, que también ha decidido Bélgica en dos de sus provincias. 

El primer ministro, Jean Castex, en una reunión con los diputados de La República en Marcha (LREM), el movimiento de Macron, les avanzó que eran inminentes unas medidas que les expondrían “a las críticas y a la impopularidad”, pero que son necesarias. 

París es el lugar que más inquietud suscita por la aceleración de los contagios. Se ha llegado a 413,2 casos por 100.000 habitantes y el 17% de los tests PCR da positivo.

El temor es que, en solo dos semanas, las unidades de cuidados intensivos puedan comenzar a saturarse. Es seguro que las nuevas restricciones serán acogidas con descontento por los sectores económicamente más dañados.

Este martes mismo, en la hora punta de tráfico matutino, uno grupo de empleados del sector de la restauración y de azafatas de congresos se manifestaron en la autopista que circunvala París, le périphérique, ocasionando un monumental atasco. Hubo asimismo acciones de protesta por parte de dueños y personal de discotecas en Lyon, Marsella y Lyon. 

Los expertos, como siempre a lo largo de esta crisis sanitaria, están divididos sobre las bondades del toque de queda. Hay quienes piensan que resultará menos dañino, económica y socialmente, que el simple cierre de algunos establecimientos. Otros opinan que tendrá consecuencias muy negativas para sectores de actividad que ya han sufrido mucho. 

Lo que sorprende son los mensajes aparentemente contradictorios que desorientan a la ciudadanía. Mientras que el Gobierno estudia cómo evitar los movimientos y el contacto social, y se plantea una medida tan drástica como el toque de queda, al mismo tiempo anima a los franceses a viajar por el país en las próximas vacaciones escolares de Todos los Santos y también en Navidad para ayudar así a hoteleros y restauradores. 

El secretario de Estado de Turismo, Jean-Baptiste Lemoyne, instó ayer los franceses “a continuar a redescubrir su territorio”. 

La cacofonía ha sido un problema grave durante la gestión de la epidemia en Francia. En el ámbito científico se han escuchado argumentos contrapuestos sobre los tratamientos y las medidas de barrera. Lo más grave fue que, durante semanas, los máximos responsables sanitarios insistieron en que era inútil llevar mascarilla o incluso contraproducente porque la gente no la manipula adecuadamente. 

Lo hicieron porque carecían de stocks suficientes incluso tres meses después de que la pandemia se propagara en China. Luego las recomendaciones cambiaron por completo, aunque sigue habiendo expertos que expresan la inutilidad de llevarla en espacios abiertos con poca densidad de público. El resultado ha sido una crisis de confianza que hace más difícil la disciplina y el acatamiento de las medidas.


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