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La Municipalidad relajó controles y cada vez menos gente utiliza barbijos


 
En el último tiempo, se ha visto un llamativo incremento de la gente que  circula libremente por la ciudad sin la utilización de barbijos. La Municipalidad de Rosario, decidió no insistir en su dudosa estrategia de penalizar a quienes no los llevan puestos o directamente carecen de ellos y la gente, se fue relajando, fue dejando de lado el molesto y saludable hábito y hoy, un 20% de los transeúntes va sin elemento protector. 

Declarada la pandemia, la Organización Mundial de la Salud tardó demasiado tiempo en pronunciarse sobre la conveniencia o no de utilizar barbijos. Finalmente lo hizo, y aclaró dos personas, a la distancia prudente de dos metros, con barbijos colocados correctamente y estando uno de ellos contagiado de Covid-19, tenían cerca del 80% de posibilidades de contagio.

La mayoría de los países fueron adoptando medidas, y Argentina no fue la excepción. Rosario impuso severas multas de hasta 80 mil pesos, todo duró un tiempo, y luego la normativa se volvió inaplicable. Ni los inspectores locales ni la Policía se mostraron propensos a multar a las personas que haciendo caso omiso a lo dispuesto circulaban por la vía pública sin barbijo. Hay una categoría intermedia, el que lo lleva de paseo en la muñeca y se lo coloca sólo si se sube a un transporte público o ingresa a un comercio.

En bares y restaurantes, tan golpeados por los cierres prolongados, se impuso la restricción horaria y luego medidas de distanciamiento. El tema barbijos nunca se cumplió. Teóricamente había que utilizarlos mientras se permanecía  dentro del comercio y sólo estaba permitido sacárselo para comer o beber. Jamás funcionó de esa forma, era cuestión de ingresar al lugar y despojarse del elemento protector. Incluso varias inspecciones municipales cerraron locales por otras causas, como horarios o falta de distanciamiento, pero nunca se hizo hincapié en el uso del barbijo. 

Con el devenir del verano, mucha gente se volcó a las playas. De más está decir que a pesar de los círculos propuestos por la Municipalidad, por ejemplo en la zona de La Florida, en otras playas de la ciudad y las islas frente a Rosario el descontrol es absoluto, no se guarda distancia social alguna y el barbijo brilla por su absoluta ausencia. 

Quienes decidieron cuidarse, utilizar el elemento que muchas veces resulta molesto, sobre todo en etapa estival o para realizar actividad física, están absolutamente desprotegidos por la inacción municipal y la irresponsabilidad de la gente, que ante el menor relajamiento de los controles optó por no usar barbijo. Una muestra fiel a lo que afirmamos, es que ayer en Calle Recreativa, el tradicional espacio dominguero de esparcimiento, los inspectores municipales que fiscalizan el tránsito y el corte de calles no llamaron la atención de ninguna de la miles de personas que circularon sin barbijo. 

Un viejo adagio del Derecho dice que lo que no está prohibido está permitido. Y otro que no hay norma sin sanción. Si existe la ley y no se aplica se vuelve inocua, y si está prevista la sanción y nadie la paga, es un libre albedrío absoluto, peligroso, e irresponsable que incumple incluso los deberes de funcionario público. El Estado como tal, no debería renunciar nunca a ejercer su poder de policía, si no está de acuerdo con una norma, tiene la posibilidad de derogarla, caso contrario, debe velar por su cumplimiento estricto. 

          






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