Los ataques impactaron contra edificios residenciales y campamentos de desplazados en zonas como Al Mawasi, en lo que representa una de las jornadas más sangrientas desde el inicio del cese al fuego.
Con estas nuevas víctimas, la cifra de muertos desde el establecimiento de la tregua superó los 510, profundizando la crisis humanitaria en un territorio donde las tiendas de campaña de los civiles volvieron a ser blanco de los proyectiles.
Desde el gobierno israelí justificaron el despliegue militar como una respuesta directa a supuestas violaciones del acuerdo por parte de Hamás. Sin embargo, el impacto de los misiles en sectores densamente poblados por desplazados generó una inmediata conmoción internacional.
