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Rosario se convirtió en un polvorín, la guerra narco no se detiene en la ciudad

En los últimos días, se produjeron 17 muertes violentas en la ciudad. En la mayoría de los casos por disparos de armas de fuego. Anoche fue ultimada una menor, mientras lavaba los platos en su casa. Un certero tiro en la cabeza terminó con su vida, inocente, en una disputa que no le pertenecía. Al mediodía, frente al Cementario La Piedad, un joven que fue a despedir un amigo recibió un disparo en la frente. Dos casos nada más, una muestra que la violencia no tiene límite y que Rosario, es tierra de nadie. 

Podrían elucubrarse miles de teoremas. De cuando el narcotráfico ingresó a la provincia, de la supuesta connivencia policial, judicial, de gobiernos cómplices y otros no tanto. Ninguna de las teorías sería del todo cierta. No hay culpas exclusivas, hay motivos múltiples y causas compartidas. Las víctimas se suceden día a día, ya está casi naturalizado. No hay que acostumbrarse a la muerte. 

La gente no se mete, intenta no quedar en la mira de los poderosos grupos que se disputan territorio a sangre y fuego. La Policía tampoco, está sobrepasada, superada en número y armamento, mira para otro lado, llega indefectiblemente tarde, en general a los pocos minutos de los asesinatos, releva pruebas que nunca llevan a ningún resultado. Hay además un silencio sepulcral sobre el poderoso arsenal que maneja la delincuencia de Rosario. ¿De donde proviene, quien lo provee, por donde ingresa?, son algunas de las preguntas sin respuesta. No hubo ni hay hipótesis sobre este punto. Los asesinatos por encargo son moneda corriente. Los sicarios son una de las principales "fuentes de trabajo", que hay en la ciudad.  

No hay labor investigativa de la Justicia. Las causas se acumulan y nunca se resuelven. Los grupos armados tienen poder económico y lo usan para obtener impunidad y poder. Hay algunos cabecillas presos, pero dirigen desde la cárcel sus negocios, nadie se los impide. Tirotean edificios públicos para intimidar, compran complicidad, sobornan para obtener privilegios, así se mueven, con total impunidad. 

Los placeres de los que gozan en las penitenciarías son incluso superiores a los que tendrían en sus propios domicilios, y además al menos están a resguardo de venganza enemiga, que como ya se sabe, es muerte, no siempre de ellos mismos, como no pueden alcanzarlos victimizan a familiares y amigos, para provocarles daño psicológico al menos, al mejor estilo de las guerras de narcotráfico de las series de Netflix.

Los barrios humildes de Rosario se convirtieron hace rato en zona de disputa. Ya no hay casi gente humilde y trabajadora. Hay delincuencia, delito y narcotráfico. Si queda alguien que no se dedica al negocio se lo conmina a abandonar el lugar. Lo amenazan, le balean el frente del domicilio y logran que les deje el sitio libre para instalar otro búnker. 

Los soldaditos están a la orden del día. Por unos pocos pesos y algo de droga, hacen lo único que pueden hacer en la villa, o venden droga o son asesinados por negarse a hacerlo. Hay delibery de venta de estupefacientes en la ciudad. La base operacional está en las villas, y "la gorra", pasa una vez a la semana a buscar "la chispa". No resulta creíble que todos los vecinos sepan donde se comercializa droga en el barrio y la Policía y la Justicia Federal no. Además otro elemento a tener en cuenta es que en los últimos años cambió la droga que se consume, hace unas décadas en Rosario se vendía mayormente marihuana proveniente del Paraguay y un poco de cocaína que llegaba desde el norte, hoy circulan drogas duras, hay laboratorios para su elaboración, son más nocivas y altamente adictivas y llevan a delinquir y hasta matar si no se las obtiene.      

Este portal de noticias no tiene sección Policiales. Nunca quisimos incorporarla, primero por principios, pensando en la morbosidad de la cobertura del rubro, su difusión tenebrosa, el entramado complejo y la necesidad de tener espacio para otras cuestiones más positivas. Es más, necesitaríamos personal adicional especializado para afrontar la tarea y la situación, como ya saben, no está para eso. Preferencias si se quiere, pero a veces la realidad nos supera. Ticiana tenía 14 años, era hija de un efectivo policial, fue asesinada a sangre fría por una bala de calibre 9mm que ingresó por una ventana de su propia casa. 

Mientras escribíamos esta nota tuvimos que cambiar el número de víctimas fatales, tras un tiroteo en Nuevo Alberdi que terminó con la vida de otra persona y dejó heridas varias más, no sabemos si podremos finalizar sin tener que tocar otra vez la cifra. Ya son 17 víctimas fatales de septiembre en Rosario. Hubo cambios en la cúpula policial, tres veces desde el cambio de Gobierno, los resultados no se notan. Parece dar lo mismo ya quien mande o quien gobierne. Pareciera que gobiernan ellos. 

El gobernador Omar Perotti prometió en su compaña traer paz y orden, no lo cumplió hasta el momento, es cierto, pandemia de por medio nada sucedió como estaba planeado y recursos extraordinarios fueron asignados a Salud en la emergencia. 

El complejo entramado no se soluciona ya con funcionarios probos ni golpeando la mesa con gesto adusto. Hacen falta soluciones de fondo, inversión pública, personal, planificación, esmero y severo acompañamiento de la Justicia. 

También que el Gobierno Nacional aporte lo suyo. Días antes de la revuelta policial de la Bonaerense, el presidente  Alberto Fernández en un lanzamiento de un Plan de Seguridad había prometido ayuda para Rosario, y allí dijo conocer la situación. El desembarco de fuerzas federales fue siempre escaso, acotado, medido, a cuentagotas, por un tiempo determinado. Hacen falta soluciones de fondo y ponerse a trabajar en el tema. Hay pandemia, problemas económicos y coso. No da para más. Son ellos o nosotros. 


Fernando Paulo Viglierchio

(Especial para RosariNoticias)           


   



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