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Biden afianzó su contundente victoria sobre Trump y ya tiene más de 300 electores

 


Diez días después de las elecciones presidenciales de EE.UU. ha quedado claro que la victoria de Joe Biden sobre Donald Trump fue más rotunda de lo que se pensó en un primer momento: la victoria del candidato demócrata en el estado de Georgia y del republicano en Carolina del Norte, confirmadas esta tarde por las televisiones estadounidenses, arrojan un marcador clavado al de hace 4 años: 306 votos del Colegio Electoral para Biden frente a 232 para Trump, con la diferencia de que en esta ocasión el ganador de las elecciones sí tiene también de su lado el voto popular. 

Los comicios registraron una movilización histórica, la mayor en 120 años, pero el aumento del interés de los votantes no se dirigió a un solo partido. 

El recuento continúa pero de momento Trump ha conseguido 72,7 millones de votos, once millones más que en el 2016, lo que le convierte en el segundo presidente más votado de la historia de EE.UU. 

El primero es Biden, que, con muchos votos todavía por contar en California, por ejemplo, ha conseguido 78 millones de votos. 

La ventaja del demócrata sobre el republicano es del doble que en el 2016. Tras asignar esta madrugada, tal y como se esperaba, los 11 votos de Arizona en el Colegio Electoral a Biden (una victoria póstuma del senador republicano John McCain, archienemigo de Trump) las grandes cadenas de televisión han sentenciado esta tarde las carreras en los otros dos estados pendientes.

Con una ventaja de 14.152 votos, Biden es el primer candidato demócrata en ganar las elecciones en Georgia en 28 años. 

Trump, por su parte, ha conseguido retener Carolina del Norte (15 votos), otro de los estados que los demócratas aspiraban a arrebatarle este año. 

Biden fue declarado presidente electo el pasado sábado tras confirmarse su victoria en Pensilvania y conseguir los 270 votos del Colegio Electoral necesarios para ganar la carrera. Trump, sin embargo, se niega a reconocer su derrota a pesar de que sus intentos de cuestionar los resultados en los tribunales han sido hasta ahora infructuosos debido a la falta total de pruebas de fraude. 

Todo lo que han presentado son supuestas irregularidades que los jueces no han considerado indicios de un esquema a gran escala para alterar el resultado electoral sino más bien errores administrativos o humanos o incidentes malinterpretados por desconocimiento de cómo funciona el sistema electoral. 

Las autoridades estatales y federales de Estados Unidos dijeron anoche en un comunicado conjunto que “las elecciones del 3 de noviembre fueron las más seguras en la historia” del país, de acuerdo con sus funcionarios en cargados de velar por la seguridad electoral integrados en la agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad (CISA).

No hay prueba alguna de que se hayan borrado o manipulado votos a pesar de las “reclamaciones infundadas y campañas de desinformación” que el sistema electoral ha sufrido en los últimos días, dicen sin citar al presidente, el mayor propagador de este tipo de bulos. “Tenemos absoluta confianza en la seguridad e integridad de nuestras elecciones”, afirma CISA. 

Aunque los líderes del partido han cerrado filas con el presidente, algunos estrategas republicanos y algunos cargos electos del partido animan a Trump a tirar la toalla, alegando que no hay manera de que estas elecciones vayan a ser revocadas, como ha dicho Karl Rove ,que argumenta que el margen de victoria de Biden es demasiado amplio para creer que se le puede dar la vuelta. 

Aunque los republicanos evocan constantemente las elecciones del 2000 y el complicado recuento de Florida, en esa ocasión todo dependía de un estado y un margen de votos mínimo. Ahora Trump necesitaría que los jueces anularan las victorias de Biden en al menos dos estados. 

Biden obtiene el mismo resultado que Trump en 2016 pero con 5 millones más de votos 

Se da la circunstancia de que, durante años, el presidente ha considerado que en las elecciones del 2016 había recibido un “fuerte mandato” del pueblo estadounidense. 

“Arrasamos”, ha repetido en sus mítines este año. Con una coalición diferente de estados, Biden no sólo ha conseguido el mismo número de votos en el Colegio Electoral, el organismo que elige realmente al presidente, sino que ha acompañado esa mayoría con una victoria en el voto popular. 

Solo unos pocos senadores y gobernadores republicanos han felicitado por ahora en público al presidente electo, que en cambio ha recibido llamadas y congratulaciones de líderes de todo el mundo. 

La negativa de Trump a reconocer su derrota ha dejado la transición presidencial en el limbo aunque Biden ha empezado a dar pasos, como nombrar a su jefe de gabinete, una figura clave en la Casa Blanca. Trump y los aliados del presidente cuestionan ahora que sean los medios de comunicación quienes declaren al vencedor de las elecciones pero este es el sistema que se ha seguido desde el año 1848, cuando se vio que la recién creada agencia de noticias Associated Press, surgida de una cooperativa de diarios y radios, eran los únicos que tenían capacidad para recopilar y transmitir la información que llegaba de todos los rincones del país. 

El sistema se ha institucionalizado, sofisticado y afinado en los últimos años para adaptarse a los cambios en la forma de votar de los estadounidenses, por ejemplo para tener en cuenta el impacto del voto por correo. 

El recuento de los votos en urna produjo en algunos estados un ‘espejismo rojo’, el color de los conservadores, la ilusión de que el Partido Republicano iba a ganar cuando la llegada en masa del voto por correo (una fórmula elegida mayoritariamente por los demócratas) en las horas o días siguientes fuera a actuar como un ‘bumerán azul’, el color de los demócratas, y en algunos casos llevar a un resultado diferente. 

Es lo que ha ocurrido en Wisconsin, Pensilvania y Georgia, entre otros estados donde finalmente ha ganado Biden. Trump, que pidió explícitamente a sus seguidores que no votaran por correo, ha aprovechado este desenlace electoral a cámara lenta para presentar esos vuelcos en el resultado como una prueba misma de fraude electoral.


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