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El negocio fue abierto por Manuel Antonio Castaño, un español que lo inauguró el mismo año en que emigró a Rosario, en 1923. El mismo se encontraba emplazado en el Cruce Alberdi, pero luego esa zona fue remodelada y el local fue demolido. En 1962, se mudó a la esquina donde aún se mantiene en pie.
En octubre de 2018, luego de estar cerrado durante casi tres meses, una familia se puso al frente del local con el objetivo de rescatarlo de su declive y darle otra impronta, sin perder los detalles añejos que hacían a su encanto.
Compraron un freezer nuevo, colocaron una biblioteca de libros y hasta incorporaron menúes para el mediodía a su clásica carta de sandwichería. Sin embargo, a solo seis meses de haber iniciado los cambios, la compleja realidad económica nacional llevó a la familia a tomar la decisión de dejar el negocio. “Los precios se incrementan semana a semana y la gente no tiene plata para desayunar como lo hacía antes y menos para almorzar acá en el bar”, señalaron allegados.

