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La OTAN responsabilizó a Rusia del fracaso del acuerdo, que sirvió de base para la seguridad global durante tres décadas, y respaldó a Washington en su decisión de retirarse del mismo.
Estados Unidos acusa a Moscú de la muerte del tratado, firmado por Ronald Reagan y Mikhail Gorbachov, pues asegura que durante años ha violado sus términos, desarrollando misiles vetados por el mismo que amenazan a Estados Unidos y sus aliados europeos. “Rusia es la única responsable de la muerte del tratado”, dijo ayer el secretario de Estado, Mike Pompeo, en un comunicado.
“Durante los últimos seis meses, Estados Unidos dio a Rusia una última oportunidad para que corrigiera sus incumplimientos. Pero, como ya ha hecho durante muchos años, Rusia decidió quedarse con los misiles que violan el acuerdo, en vez de volver a adherirse a las obligaciones de este tratado”.
Pero no es Rusia la potencia nuclear que Estados Unidos busca contrarrestar con sus nuevos misiles. Trump adelantó en octubre de 2018 su intención de retirarse del tratado y, el pasado 1 de febrero, lo anunció oficialmente, abriendo un preceptivo plazo de seis meses, que expiraba ayer, para que Moscú cumpliera con sus obligaciones. Desde entonces ha venido enviando señales de que China, que no está sometida a ningún acuerdo de control armamentístico y lleva años invirtiendo en defensa, fue un factor determinante en esa decisión.

