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Macri utilizó la mayor parte de su tiempo en atacar a Fernández que para hacer propuestas destinadas a su electorado. Fernández no se quedó atrás, respondió cada afrenta y contraatacó, acusando al presidente de mentir y estar fuera de la realidad. Macri fue más beligerante que en el primer debate, se mostró firme, y machacando cada slogan de campaña como verdad revelada.
Del Caño puedo meter cada una de sus estocadas, no recibió agravios por parte de ningún competidor e hizo leña de cada error de los gobiernos de los principales candidatos. Espert jugó su juego, con frases contundentes, mostrándose diferente, y contundente en cada afirmación. A Gómez Centurión el debate le quedó grande, le sobraron segundos en cada segmento, su discurso fue pobre y poco claro. Lavagna mostró su calma habitual, con algunas intervenciones sólidas, y algún traspié dialéctico, asumió su rol de tercero cómodo, e instó a la unidad sobre el final.

