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Mientras se espera el pico para fines de abril, el presidente Jair Bolsonaro se mostró visitando un hospital y una farmacia en Brasilia, quebrando todos los protocolos sanitarios: estrechando manos y tomándose fotos con ciudadanos.
"Tengo el derecho constitucional de ir y venir", justificó el mandatario, quien está en abierta confrontación con su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta. Algunos residentes de Brasilia se quejaron de la presencia del presidente en la calle desde las ventanas, algunos incluso con gritos de "miliciano asesino".
Según el reporte del Ministerio de Salud, en la última jornada el país registró 115 nuevas víctimas fatales, menos que las 141 del jueves, pero rompió la barrera del millar de muertes, al llegar a las 1056, la peor cifra de América Latina.

