Hubo una época en que los equipos de la ciudad gozaron de máximo esplendor. Títulos y prestigio acompañaron sus historias por mucho tiempo. Lamentablemente, la realidad actual de las instituciones más grandes de Rosario dista demasiado de esos momentos.
¿Cómo se pasa de ser la cuna de los mejores jugadores del mundo a este penoso
presente? La frase “se juega como se vive” aplica como anillo al dedo en la Chicago
Argentina. Se vive mal, se juega peor. En el medio, administraciones y procesos que
no estuvieron a la altura de las circunstancias.
Hasta hace algunos años, el Newell’s de Martino era un modelo a seguir por todos.
Con título local incluido, y un estilo claro y definido, cautivó a propios y extraños.
Estuvo a nada de jugar una final de Copa Libertadores. Luego de eso, no pudo repetir
algo semejante, ni en las formas ni en resultados.
Si bien es cierto que hubo ciclos positivos como los de Osella y Kudelka (en su
primera temporada), con objetivos distintos a los de 2013, La Lepra se sucedió en la
irregularidad. Solo con el ahora ex técnico hubo una identidad en el campeonato
2019/2020, por lo menos un equipo sólido, competitivo, con funcionamiento
colectivo. No se repitieron esos rendimientos en la Copa Maradona ni en el presente
torneo y él mismo acordó su desvinculación con la dirigencia.
Por el lado de Central, el hoy lo encuentra en una situación parecida. Desde Coudet
que el Canalla no juega al fútbol, en el mejor sentido de la palabra. Todo lo que vino
después fue una continuación de malas elecciones, que llegaron a poner en peligro la
permanencia del club en la categoría.
El campeonato de la Copa Argentina en 2018 fue agua en el desierto, pudo haber sido
la oportunidad para renacer y volver a ponerse de pie, pero lejos de eso, se hizo todo
absolutamente mal. En la actualidad no logra asentarse ni desde el rendimiento ni
desde lo numérico, con un entrenador que carece de los mínimos conocimientos del
juego para estar a cargo de un equipo de primera división, un aprendiz. El club
necesita otra cosa. Es cierto, cuando no hay material, como en este caso, es mucho
más difícil.
Párrafo aparte para ambas dirigencias. Las mismas se encargaron de decidir
erróneamente de manera sucesiva en el área deportiva, administrativa y económica. Las consecuencias están a la vista, en todos los ámbitos. Al menos Newell’s tiene la
posibilidad de cambiar de rumbo en abril, Central deberá esperar hasta el año que
viene.
Triste acontecer de instituciones que supieron saborear la gloria hace poco. Urgen
transformaciones estructurales radicales si se pretende volver a encauzar el barco y
no seguir hipotecando el futuro. Todavía están a tiempo.
Licenciado Paulo Viglierchio
Especial para RosariNoticias

