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El aforo no se cumplió en ninguna cancha de la Argentina

 


El fin de semana volvió el público a las canchas de fútbol argentino. La AFA y autoridades sanitarias dispusieron un aforo del 50% de la gente para mantener cierto distanciamiento social, teniendo en cuenta que si bien la pandemia parece haber entrado en pausa y el número de casos está en franco retroceso, la pandemia no pasó.

El exitosos plan de vacunación permitió que más de la mitad de la población ya cuente con dos dosis de la vacuna, algo que permite reducir considerablemente los contagios y las internaciones por complicaciones por Covid-19. Esto se reflejó en el considerable número de camas disponibles de unidades de terapia intensiva de todo el país. 

El retorno del público a las canchas de fútbol mostró que en Argentina, las reglas están para incumplirse y que la gente, no se cuida nada. Los clubes, con complicidad de autoridades locales hicieron caso omiso a la normativa y los claros en los estadios fueron escasos. Si bien se notaba que la canchas no estaban llenas, lejos estaban de tener la mitad del público habilitado. Además, ninguno de los concurrentes dijo haber demostrado que contaba con alguna dosis de la vacuna ni que se lo hayan requerido en los ingresos, como estaba estipulado. 

Incluso, se dieron situaciones ridículas, donde se dejaron espacios sin ocupar, para demostrar cumplimiento del aforo, y se amontonó gente en otros sectores. En Mendoza por ejemplo, la parcialidad de Godoy Cruz estaba agolpada y había espacios sin ocupar en la cancha. En Vélez, que habitualmente no usa la tribuna que antes de las prohibiciones ocupaban los visitantes, los simpatizantes allí eran escaso, mientras que en la tribuna que ocupa "La Pandilla", rebalsaba de público. 

El Monumental de Núñez, que ayer albergó el superclásico no estuvo lleno, eso quedó claro, pero a pesar que el Gobierno porteño señaló que había la mitad del público, los claros eran pocos. Lo mismo pasó con el Gigante de Arroyito, lució bastante lleno, no había 20 mil personas claramente y el número habría estado más cercano a los 30 mil. 

La gente no guardó distanciamiento, no usó barbijo en la enorme mayoría de los casos, así que la prohibición parece carecer de sentido. Las autoridades pertinentes tienen dos caminos, permitir el aforo completo de público, que parece más acorde a lo sucedido o ponerse firmes en el cumplimiento, controlar y fiscalizar severamente el ingreso de espectadores, algo que sin dudas sería más complejo y de difícil implementación.      

   



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