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Pagar deudas es resignar recursos, y a alguien hay que sacárselos

 



Argentina enfrenta por estos días una nueva negociación con el Fondo Monetario Internacional con el fin de refinanciar una abultada suma con impagables compromisos que vencen en los próximos meses y años. El país no dispone de los fondos necesarios para hacer frente a ese compromiso, Gobierno y oposición lo saben, y aunque tomaron diferentes posturas, todos apuntan a lo mismo, pagar. Solo la izquierda mantiene su histórica postura de no pago, sabiendo no nunca gobernará.  

No hay nación posible en default, eso es una verdad de perogrullo, el establishment internacional no perdona a quienes no honran sus deudas, tarde, mal, reprogramadas, reperfiladas o como se guste llamarle. Inmediatamente se sale de los mercados internacionales, se deja de comprar productos al infractor, su economía se desploma como un castillo de naipes y todo se desmorona. Argentina ya probó esa medicina y bien no le fue. 

Como en toda familia, en los Estados pasa de la misma forma, para pagar una deuda hay que generar recurso extra, por afuera de los que son corrientes, para no ver afectada la economía familiar, sus propios compromisos, sus pagos habituales, los que permiten la subsistencia. El mercado interno puede ser atendido con pesos, y de eso tenemos la maquinita, pero el mercado externo se paga con dólares, y de esos no solo no tenemos, sino que los fabrica el dueño de la porción del FMI que es la que nos reclama el pago. 

"Nos incendiaron la casa, se fueron y escondieron la manguera", se quejaban en el Frente de Todos esta semana ante resistencia de la principal fuerza de oposición a prestarse a una reunión con el ministro Guzmán. "Nosotros no tomamos deuda", se le escuchó decir al ultramacrista Fernando Iglesias, según su propio relato y el de Wolf, la plata que llegó del Fondo fue para afrontar pagos con países que el macrismo detesta como Venezuela, que según afirma el diputado estaban a una alta tasa de interés. No es lo que piensa su jefe, Mauricio Macri, que señaló no hace tanto que el dinero proveniente del FMI se lo dio a los bancos, con el fin de que "no se fueran de la Argentina", porque según sus dichos, veían venir que ganaría el kirchnerismo y eso los espantaba.

Argentina tiene una larga historia de pago de deudas. Por lo general, se endeudaron los gobiernos conservadores y no democráticos y pagaron los llamados "populistas". Los organismo internacionales de crédito condicionan la política económica interna para otorgar prórrogas, ante reiterados incumplimientos, como forma de garantizar sus acreencias. Obedientes, la mayoría de los gobiernos locales siguen al pie de la letra los mandatos, para garantizarse el envío de nuevos fondos. No importa para ello que consecuencias internas pudieran venir ni quien deba pagar el costo del ajuste. Trabajadores y jubilados entre las principales y reiteradas víctimas. El poder adquisitivo del salario y las jubilaciones y pensiones como principales destinatarios del "ahorro" fiscal. 

Producto de la no aprobación del presupuesto, esta semana cayó la facultad estatal de aplicar retenciones agropecuarias y ayer nomás el campo salió a pedir a su dirigencia la derogación de las mismas. Siempre presto a sacar el cuerpo, el sector, uno de los más rentables de la Argentina a pesar del permanente llanto, aprovecha la ocasión para tirar de la cuerda. Si hay algo que las entidades saben es cómo hacer es sensibilizar a una clase media cuyo cerebro fue colonizado por los multimedios mostrándose como víctimas permanentes de un sistema tributario que los perjudica y no les permite renovar la Hilux año a año. No es que en realidad quieran no pagar nada, abren el paraguas, es un por las dudas "no apunten para acá". 

El Gobierno, en la voz de su presidente salió a decir esta semana que "nunca más en la Argentina el pueblo pagará las consecuencias del ajuste para pagar deuda y que no habrá más tarifazos". El mensaje fue para adentro y para afuera. El kirchnerismo duro comenzó a mostrar los dientes ante el inminente acuerdo, un verdadero secreto a voces, que avizora algo de plazo y poco de quita. Se vienen dos años electorales, la gente debería comenzar a sentir en sus bolsillos el mal llamado "populismo", caso contrario suele volver a las recetas neoliberales, y el Gobierno lo sabe. Hacia afuera, era pararse de manos a las exigencias del FMI de un ajuste brutal, sin concesiones, con el as en la manga de la ilegitimidad de la deuda y las auto admitidas fallas del organismo económico en fiscalizar el destino de los fondos otorgados excepcionalmente, incluso por afuera de lo que mandan sus propios estatutos. 

La actitud del nuevo titular de la UCR, el gobernador jujeño Gerardo Morales, de salir a bancar al Gobierno cuando el ala dura de Cambiemos se disponía a tirarle una anchoa en el desierto, desconcertó a la oposición. "El que explote todo no le termina conviniendo a la gente", señaló el mandatario, desnudando así la estrategia de los macristas de paladar fino. Los ataques no le tardaron en llegar, la pirotecnia verbal fue subiendo de tono, y los trolls de Marcos Peña hasta lo hicieron tendencia en Twitter bajo la consigna #Morales traidor. "Nosotros tomamos la deuda, lo menos que podemos hacer es ir a escuchar que plantea el ministro", les contestó. Seguramente esto avecina una dura interna para las presidenciales del 2023, la UCR ya no se conforma con ser el furgón de cola y quiere protagonismo. 

El Fondo Monetario Internacional exige la foto de todos avalando el acuerdo, incluso que el tema pase por el Parlamento, algo que no pidió cuando otorgó el préstamo. El peronismo desconoció lo firmado por Macri cuando llegó al poder,  y ellos no quieren que se repita la historia y que el macrismo o la UCR desconozcan lo que el peronismo firme en el caso que les tocara asumir en esa fecha. El acreedor necesita garantes, cuando usted lector saca un crédito le exigen garantías, esto funciona más o menos así. No les importa nada a ellos que tengamos un 50% de pobres en la Argentina, que nuestras reservas sean apenas superiores a la de alguna multinacional, o que la inflación sea incontrolable.  

En un mundo en que nadie regala nada, ni siquiera vacunas a los países más necesitados, aún a sabiendas que sin ello la pandemia nunca pasará, las acreencias fueron hechas para saldarse, nos guste o no. El papa Francisco intentó tirar un centro y pidió esta semana clemencia de los organismos internacionales con los países pobres, la súplica del santo padre no suele ser escuchada y no todos los días aparece un loco como Kirchner que de un solo saque se sacó de encima a los acreedores externos y tuvo la libertad de dictar los planes económicos que mejor le parecieron, hoy la plata no está, no hay secreto, y las joyas de la abuela... las vendimos hace rato y todavía pagamos juicios por la reestatización.


Fernando Paulo Viglierchio

(Especial para RosariNoticias)       

 

    


    



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