Asimismo, las tasas para descontar cheques, una herramienta clave para el capital de trabajo saltaron desde menos del 40% a más del 77%, lo que configura un escenario de “tasa prohibitiva” que genera un virtual apagón del crédito.
Frente a esta situación, el sector privado comenzó a ensayar alternativas. Por un lado, las compañías están trasladando el financiamiento a la cadena de pagos, recurriendo cada vez más a sus proveedores para cubrir baches de liquidez.
Por otro, aumenta la tenencia precautoria de efectivo, que se convierte en un salvavidas frente a la imposibilidad de acudir a bancos.
Como resultado, en ese sentido, el stock total de adelantos en cuenta corriente se redujo un 11% desde mediados de julio, según datos de empresas créditicias..
Asimismo, consultoras y economistas advierten que esta combinación de tasas altísimas y escasez de crédito puede prolongarse en el tiempo. Si la tendencia continúa, alertan que habrá más costos sobre la economía real con caída del consumo, aumento de la mora y una actividad económica que, en el mejor de los casos, se mantendrá “anestesiada”.
