Con esta disposición, el organismo presidido por Gianni Infantino apunta a tres objetivos centrales: evitar el acaparamiento de jugadores por parte de una misma estructura corporativa, fomentar contratos a largo plazo y garantizar una mayor estabilidad laboral para los futbolistas.
Además, busca impedir que los clubes de un mismo grupo utilicen su relación para realizar fichajes internos que les otorguen ventajas deportivas y económicas sobre el resto de competidores.
La medida complementa una restricción ya existente en el Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores, cuyo artículo 10 limita a seis el número de futbolistas profesionales que un club puede ceder y recibir por temporada.
Sin embargo, casos recientes como el del Eagle Football Club —propietario de Botafogo y Olympique de Lyon—, que fichó a Thiago Almada para luego moverlo internamente entre ambas instituciones, impulsaron a la FIFA a endurecer la normativa.
Entre los conglomerados más afectados figuran City Football Group, Grupo Pachuca, Red Bull y Eagle Football Club, todos con presencia en varias ligas y continentes.
Estas estructuras utilizaron durante años el flujo interno de jugadores como herramienta de optimización deportiva y financiera.

