El informe indica que, desde enero, los focos ígneos afectaron más de 30.300 hectáreas, casi el doble de la superficie de Rosario. La mayoría de los incendios se detectaron frente a la ciudad, principalmente al norte de la traza del puente Rosario–Victoria, aunque también hubo focos hacia Villa Constitución.
Los investigadores remarcaron que, pese a un año con mayor humedad y nivel del río, la actividad humana en las islas multiplicó los focos desde julio.
Y alertaron que octubre podría ser aún peor: “La alta disponibilidad de biomasa vegetal acumulada constituye un material potencialmente combustible”, advirtieron.
El documento subraya que ninguna provincia puede afrontar sola el problema y exige una estrategia nacional con financiamiento, monitoreo temprano y planes de respuesta rápida.
“La única salida es a través de una gobernanza compartida con presupuestos adecuados”, sostuvieron los especialistas.
El informe también criticó la gestión actual del Sistema Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), al señalar que desde 2023 arrastra una disminución sostenida en su presupuesto, que además se ejecuta de manera parcial.
“En 2024 apenas se utilizó el 22% de los recursos asignados y este año no se proyectan mejoras”, remarcaron.
Mientras tanto, el humo volvió a instalarse sobre Rosario y el sur santafesino, con los efectos ya conocidos en la salud de la población y en la calidad de vida urbana.

