“Lo que le queremos transmitir a las personas que viven de su trabajo es que la situación pasaría a ser profundamente desfavorable. Por más que se la venda como una modernización, nos haría retroceder a un país de hace más de un siglo”, sostuvo el abogado, y trazó un paralelismo con etapas históricas de fuerte explotación laboral como “la Forestal o la Patagonia Rebelde”.
Serrano Alou explicó que el núcleo del problema es que la reforma “borra la razón de ser del derecho del trabajo”, una rama jurídica que surgió precisamente para equilibrar la desigualdad estructural entre empleadores y trabajadores.
“El derecho laboral no nació para garantizar ganancias empresarias, sino para poner límites a abusos y arbitrariedades y proteger la dignidad de las personas que trabajan”, remarcó.
En ese sentido, destacó que la legislación argentina fue históricamente reconocida a nivel internacional. “La Ley de Contrato de Trabajo de 1974 es fruto de décadas de experiencia del fuero laboral y de un consenso social amplio.
A diferencia de eso, hoy se pretende que unos pocos estudios jurídicos ligados a grandes empresas redacten una norma a medida de sus intereses y convertirla en ley sin debate”, cuestionó.
Uno de los puntos que más preocupa a los laboralistas es la eliminación de principios centrales de la normativa vigente.
“La reforma trata al trabajador como una cosa, como una mercancía. Lo único que importa es el intercambio económico: uno pone dinero y el otro pone el cuerpo, como si estuvieran en igualdad de condiciones”, afirmó Serrano Alou.
También señaló cambios concretos que habilitarían abusos empresariales.
“Se borran límites claros a las facultades del empleador. Hoy la ley dice que puede dirigir la empresa, pero sin incurrir en abusos ni afectar la dignidad del trabajador. Eso lo eliminan: el empresario podría ejercer su poder sin ningún freno”, advirtió.
El letrado también desmintió dos ideas que, según dijo, el Gobierno instaló en la sociedad: la supuesta “industria del juicio” y la creencia de que la mayoría de los trabajadores no tiene derechos. “La litigiosidad es bajísima. Menos de dos dígitos de quienes podrían reclamar llegan a tribunales, por miedo, desconocimiento o porque la Justicia responde tarde y mal”, explicó.
Sobre el trabajo no registrado, fue contundente: “Que un empleador niegue la relación laboral no significa que el trabajador no tenga derechos. La Constitución sigue vigente y el artículo 14 bis protege a todas las personas que trabajan, incluso a quienes están en negro”.
Finalmente, Serrano Alou sostuvo que la reforma “empuja a todos hacia abajo”: “Al que ya estaba mal, lo hunde más; y al que estaba un poco mejor, lo tira encima del otro”.
Y concluyó con una advertencia histórica: “Cuando se rompen los derechos laborales, reconstruirlos lleva décadas. Esta reforma es más profunda y dañina que las de la dictadura o el menemismo. Esperamos que no se apruebe”.

