Según expresó la firma, se trató de una determinación extrema, adoptada “luego de un proceso de análisis y de haber agotado todas las instancias posibles”.
Desde la compañía explicaron que el contexto económico y comercial actual, junto a dificultades estructurales que afectan a la industria nacional, hicieron inviable sostener la actividad.
En ese sentido, advirtieron que la situación “ha tornado inviable la continuidad de sus operaciones, no avizorando cambios de relevancia para el corto y mediano plazo”.
Uno de los factores centrales señalados por la empresa es la pérdida de competitividad frente al ingreso de productos importados, sumada a la caída del consumo interno.
En el comunicado se remarca que “la apertura indiscriminada de las importaciones de hilados, telas y prendas de vestir nuevas y también fardos de ropa usada” impactó de manera directa sobre la producción local.
A este escenario se agregan altos costos y desequilibrios macroeconómicos que afectan a todo el sector.
La empresa detalló que “elevados costos financieros, laborales y energéticos, como así también elevada carga impositiva y atraso cambiario” profundizaron la pérdida de competitividad de la industria textil nacional.
La situación se agravó en las últimas semanas por problemas en la cadena comercial y de cobranzas, lo que terminó de comprometer el funcionamiento cotidiano de la firma. Según explicaron, se produjo “un profundo deterioro de la cadena de comercialización y cobranzas del sector textil, lo que afectó el flujo financiero de la compañía”.

