La crisis industrial empezó a revelar su costado más estructural y ya no distingue entre críticos y entusiastas del proyecto libertario. El modelo de Javier Milei, que fue celebrado por buena parte del empresariado con entusiasmo militante, comenzó a devolver facturas.
Una de ellas impacta de lleno en la industria avícola y tiene nombre propio: Joaquín de Grazia, dueño de Granja Tres Arroyos, la mayor procesadora de pollos del país.
El empresario fue uno de los que defendió públicamente la reforma laboral impulsada por la Casa Rosada.
Sin embargo, hoy su compañía enfrenta un panorama delicado por la apertura comercial y la creciente presencia de pollo importado desde Brasil, que llega a precios imposibles de igualar para los productores locales.
A fines del año pasado, Granja Tres Arroyos tuvo dificultades para abonar salarios. El conflicto logró descomprimirse en enero con la regularización de pagos, pero el alivio fue apenas transitorio.
A la presión de las importaciones se agregó un golpe adicional: la interrupción de exportaciones de carne aviar a Europa debido a restricciones sanitarias por el rebrote de gripe aviar. En una actividad donde el mercado externo es clave para equilibrar costos, la pérdida de ese canal agravó un cuadro financiero ya comprometido.
El efecto dominó no se limita a Tres Arroyos.
El derrotero de Cresta Roja vuelve a encender alarmas. La firma, que arrastra más de una década de turbulencias, fue absorbida por Tres Arroyos y luego quedó bajo control de la familia Peña -propietaria de La Anónima-, históricamente cercana a Mauricio Macri. Los conflictos nunca se resolvieron del todo. En 2024 hubo nuevos despidos en su planta de Esteban Echeverría y hoy circulan versiones de cierre.
