En su última evaluación económica, el organismo calculó que las subvenciones y beneficios vinculados a la política industrial del gigante asiático rondan el 4% del Producto Bruto Interno, una proporción muy superior a la de otras grandes economías. La sugerencia es reducir ese volumen a la mitad en los próximos años.
El respaldo estatal se canaliza a través de múltiples herramientas: transferencias directas, ventajas fiscales, acceso preferencial al crédito y fondos de inversión con participación pública orientados a sectores considerados estratégicos, sobre todo en manufacturas tecnológicas.
Para el FMI, este esquema tiene un costo elevado en términos fiscales y productivos. El informe advierte que el exceso de estímulos provoca una asignación ineficiente de recursos y sobrecapacidad industrial, lo que incluso podría estar restándole cerca de dos puntos al crecimiento potencial del país.
