Al justificar su voto, la exvicegobernadora señaló la “urgente necesidad” del país por cambiar las reglas de un juego que, de acuerdo a su testimonio, arruina a la pequeña y mediana empresa por permitir una “alta litigiosidad” y su consecuente “industria del juicio”.
Scaglia vinculó así su decisión a la convicción de que “es lo mejor para Argentina”, aunque aclaró que “ninguna reforma laboral genera trabajo mágicamente”.
Luego realizó una serie de cuestionamientos sobre el contenido del proyecto y por haber tenido "un tratamiento exprés en el que no se permitió cambiar ni una coma”.
Según explicó, esto se debió a la “urgencia” del presidente Javier Milei por “llegar a su discurso del 1 de marzo celebrando que tiene la reforma laboral aprobada”.

