Según la institución, la preservación de glaciares y áreas periglaciales no puede seguir postergándose, ya que de ellas dependen millones de personas, actividades productivas y el equilibrio ambiental de vastas regiones del país.
Reservas naturales de agua dulce, invisibles pero vitales.
A diferencia de lo que suele creerse, los glaciares no son simples masas de hielo aisladas en zonas de alta montaña. Funcionan como reservorios naturales de agua dulce, liberando caudales de forma gradual durante los meses más secos del año.
Esto resulta esencial para ríos, cuencas hídricas y sistemas de riego.
En paralelo, los sistemas periglaciales, zonas donde el suelo permanece congelado gran parte del año, cumplen una función igual de relevante.
Actúan como reguladores hídricos, almacenan agua en el subsuelo y la liberan lentamente, amortiguando los efectos de las sequías prolongadas cada vez más frecuentes.
La Academia Nacional de Ciencias subrayó que la degradación de estos entornos provoca pérdidas irreversibles, ya que su regeneración puede demandar cientos o incluso miles de años.

