En los últimos tiempos, se produjo un salto significativo en la morosidad de los préstamos personales, que pasó del 3,4% en octubre de 2024 al 13,2% en la actualidad, impulsada en parte por la facilidad de acceso a créditos a través de billeteras virtuales.
En muchos casos, esta situación deriva en retenciones directas sobre los salarios por parte de las entidades financieras para recuperar los montos adeudados. El trasfondo de esta crisis está en la pérdida del poder adquisitivo.
Según el CEPA, los salarios reales cayeron un 17,1% entre noviembre de 2023 y enero de 2026, lo que impacta directamente en el consumo.
Esta caída se refleja en una baja sostenida de las ventas en supermercados y en el crecimiento de deudas informales, como las que se generan en comercios de cercanía o entre familiares y vecinos.
Con una inflación persistente y sin una recuperación clara de los ingresos, el panorama para los trabajadores sigue siendo complejo, con cada vez más familias recurriendo al crédito no para crecer, sino para poder llegar a fin de mes.
