El escándalo Adorni sacudió la política argentina de manera inusitada durante estos últimos dos meses, desde que se detectó o se dejó conocer, desde las propias entrañas del poder que su esposa lo había acompañado a un viaje a Nueva York dentro de la comitiva presidencial, cuestión ya zanjada por la Justicia que dijo que el mandatario tenía derecho de invitar a quien le plazca a formar para de la delegación que viaja a acompañarlo, solventado por el erario público.
A eso le siguió que se detectó que el jefe de Gabineta había viajado a Punta del Este, acompañado por la familia en avión privado, que se había ido a Aruba, y se había hospedado en un lujoso complejo, que también había pasado unos días en el lujoso hotel Llao Llao de Bariloche, un espacio reservado para la alta sociedad argentina, se dijo que algunos días en Brasil, Cataratas, y hasta que su mujer viajó en "viaje de mamis del cole a España".
Además de sus excentricidades turísticas, también quedó al descubierto que en menos de tres años de acceder a la función pública, el periodista anticasta, devenido en vocero presidencial y después en jefe de Gabinete, tras imponerse en una elección porteña a legislador, cargo al que declinó sin asumir, el meteórico enriquecimiento del funcionario incluía la compra de al menos dos propiedades, de un valor intermedio, financiado supuestamente por dos jubiladas, y que tuvieron refacciones y amoblamientos millonarios.
Un departamento en Caballito y una casa en el modesto barrio privado Indio Cue, que tuvo arreglos por un cuarto de millón de dólares según el contratista a cargo de la refacción, apretado por el funcionario antes de tener que ir a declarar a Comodoro Py, sin que para la Justicia eso constituya un entorpecimiento de la investigación ni nada que se le parezca. Adorni gana por decisión del presidente un sueldo medio, que apenas alcanza los 3 millones de pesos, y será de casi 8 cuando se ponga en vigencia el 123% de aumento que dispuso el presidente, una paritaria envidiable para cualquier otro trabajador.
Adorni no presentó su declaración jurada, el Estado decidió prorrogar y eso le vino de perillas, cualquier malpensado hubiera dicho que se trató de una maniobra dilatoria. Bullrich lo apuró esta semana para que lo haga a la brevedad, pero no pareció importarle, dijo que lo hizo a sabiendas que pronto lo haría y que la senadora "era una fenómena". Pero no lo presentó. Es más, el propio presidente dijo que lo haría, pero aún no lo hizo.
La oposición juega al Antón Pirulero, cada cual atiende su juego. El peronismo amagaba con convocar a una citación en la que intentaría una moción de censura, reuniendo la mita de los votos más uno, el Congreso puede disponer el cese del jefe de Gabinete, así lo había anticipado el jefe del bloque de senadores justicialistas, pero no lo hizo.
Unidos se partió esta semana en la cámara baja, la santafesina Gisela Scaglia, titular del bloque, ex vicegobernadora de Pullaro, integrante del PRO, señaló que el funcionario "debía irse solo" y no había que expulsarlo, en coincidencia con varios gobernadores aliados, y eso provocó la salida de la Coalición Cívica y su escisión del bloque. El socialista Paulón en cambio, terminó convocando a una reunió para el próximo jueves con citación al ministro.
El peronismo se ofendió, dijo que no fue invitado a firmar el proyecto, y condicionó su asistencia y eso hace peligrar severamente el quorum, a sabiendas que difícilmente el oficialismo baje al recinto. La guerra de vanidades, la supuesta división de estrategias apunta a que el ministro coordinador permanezca en el cargo todo aquello que Milei quiera, y Milei quiere, aún conociendo que es un ancla que lo tira para abajo en las encuestas y que la corrupción pelea mano a mano con la economía en los números de desprestigio de su Gobierno.
Ayer, muy suelto de cuerpo, el libertario dijo que prefería perder una elección que echar a un inocente, las cosas que debe saber Adorni como para que el presidente persista en sostener a su mano derecha sabiendo que goza de un 80% de imagen negativa y que atarse a él lo invita a correr la misma suerte.
La oposición decidió correrse, no obligar a su salida, conociendo que cada día de Adorni dentro del Gobierno es sumar desprestigio al que el presidente está comenzando a acostumbrarse, por más que decida viajar a lugares donde lo ovacionan, le otorgan dudosos premios y lo enaltecen, en Argentina, las cosas para su modelo, se ponen cada vez más complejas.
Fernando Paulo Viglierchio
(Especial para RosariNoticias)
