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Modelo libertario: cada vez hay más trabajo precarizado en la Argentina

 




La crisis económica generada por el Gobierno parece entrar en una nueva etapa. Tras meses en los que el empleo precario funcionó como contención frente a la destrucción de puestos formales, ese mecanismo empieza a mostrar señales de agotamiento.

La caída de salarios, el deterioro del empleo registrado y la saturación de actividades informales abren un escenario donde el desempleo podría comenzar a crecer con mayor fuerza. 

Durante los últimos dos años, buena parte del deterioro laboral fue absorbido por actividades informales y trabajos de supervivencia. Sin embargo, ese esquema comienza a perder capacidad de contención. Un informe del CETyD de la UNSAM advirtió que “la saturación de los empleos refugio implica que una porción creciente de trabajadores encuentra cada vez menos margen para generar ingresos”. 

El fenómeno se da en un contexto de demanda estancada, donde las changas, el cuentapropismo informal y otras actividades precarias ya no alcanzan para absorber la pérdida de empleo formal. Según el estudio, el riesgo es que el deterioro que hasta ahora se expresaba en mayor precarización e informalidad “comience a trasladarse con mayor intensidad al desempleo”. 

En los últimos dos años, el mercado laboral mostró una tendencia marcada por la pérdida de empleo asalariado formal y el crecimiento del trabajo independiente informal. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, este tipo de ocupación aumentó un 11%. 

La expansión se concentró principalmente en actividades vinculadas a la preparación y venta de comidas y bebidas, aunque también se observó en sectores como comercio, construcción y servicios comunitarios. 

Gran parte de este crecimiento del cuentapropismo informal se desarrolló en ámbitos precarios: trabajos realizados desde viviendas particulares, vehículos, la vía pública —incluida la venta ambulante— y obras en construcción. 

Para analizar la evolución de los llamados “empleos refugio”, el estudio considera dentro de esa categoría a trabajadores informales de baja calificación, tanto asalariados como cuentapropistas, que trabajan menos de 25 horas semanales y buscan ampliar su jornada o conseguir otro empleo. 

A partir de esa definición, el informe señala que este fenómeno no tuvo el mismo peso en todas las crisis económicas argentinas. 

Durante la década del 90, el principal reflejo del deterioro laboral era el desempleo abierto: entre el 70% y el 80% de quienes atravesaban problemas laborales se encontraban directamente desocupados, mientras que apenas entre el 20% y el 30% lograba insertarse en trabajos precarios o de subsistencia. 

Ese esquema comenzó a modificarse desde los años 2000 y se profundizó en la última década, cuando el acceso a empleos informales se volvió más sencillo. 

La aparición de plataformas digitales vinculadas al transporte y reparto, junto con el avance de la tercerización, el monotributo y otras modalidades flexibles de contratación, impulsaron esa transformación. 

Mientras disminuyeron las barreras para ingresar a trabajos precarios, se volvieron más difíciles de alcanzar los empleos de calidad. 

En otras palabras, conseguir algún tipo de ocupación pasó a ser más accesible, pero acceder a un trabajo estable, con buenos salarios y condiciones laborales adecuadas, se volvió cada vez más complejo. Tras la pandemia, esta tendencia se profundizó: la cantidad de personas ocupadas en empleos refugio llegó a superar a la de desocupados. 

Actualmente, cerca de 1,8 millones de trabajadores se encuentran en este tipo de inserción laboral, frente a 1,7 millones de desempleados. 

El contraste con los años 90 es marcado: en aquella época, los empleos refugio representaban apenas una cuarta parte del universo de desocupados. 

Así, la situación laboral dista de ser favorable y se requieren nuevos indicadores que permitan medir con mayor precisión el deterioro del mercado de trabajo. 

Sin embargo, el trabajo precario también tiene límites. A medida que más personas compiten por una demanda que no crece, se produce un punto de saturación: bajan los ingresos, ya sea porque hay menos trabajo disponible o porque las remuneraciones se reducen. 

Cuando ese mecanismo se agota, los empleos refugio dejan de absorber el deterioro económico y la crisis comienza a reflejarse directamente en el aumento del desempleo.

Justamente, la suba de la desocupación observada en el último trimestre de 2025 podría ser una señal de ese proceso.


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