Miles de agentes policiales y tropas militares fueron desplegados a lo largo de las principales vías del país para permitir el paso de camiones cisterna y de carga con ayuda esencial para La Paz y El Alto, pero los esfuerzos oficiales resultaron infructuosos.
Decenas de piquetes montados en las rutas a Laja fueron despejados en la madrugada, pero pocas horas después los manifestantes recuperaron el control de las barricadas para volver a bloquear los accesos a las zonas bolivianas más importantes.
La situación más crítica persiste en El Alto, donde continúan los enfrentamientos entre la policía y manifestantes armados con dinamita.
El comandante de la Policía de La Paz, Juan Sotopeña, confirmó que varios agentes resultaron heridos y al menos 25 personas fueron arrestadas por uso de explosivos y vandalismo.
En algunas zonas, los agentes munidos con armas no letales —según informó el portavoz presidencial José Luis Gálvez—, se vieron obligados a retirarse debido a la violencia de los manifestantes liderados por trabajadores mineros y campesinos que exigen aumentos salariales, provisión de insumos y hasta la renuncia del presidente Paz, quien asumió en noviembre del año pasado e implementó fuertes políticas de ajuste.
Es en este marco que el gobierno argentino envió alimentos a Bolivia, a pedido del gobierno de ese país de un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea para colaborar en el transporte de productos esenciales hacia distintas ciudades afectadas por los cortes de ruta, de modo de establecer un “corredor aéreo” y así evadir piquetes que parecen infranqueables.
