La discusión cobró fuerza después de la denuncia de Jacob Coxon, un investigador que trabajó en OpenAI y Anthropic y que recientemente abandonó esta última compañía con fuertes cuestionamientos sobre la velocidad y las condiciones en las que avanza el desarrollo de la IA.
Coxon advirtió sobre los riesgos de que un reducido grupo de empresas privadas compita por construir sistemas cada vez más capaces sin que existan mecanismos de supervisión suficientes para controlar una tecnología que, según los propios investigadores del sector, podría alcanzar capacidades superiores a las humanas en numerosas tareas.
En ese contexto, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo titulado “We Must Pace the Frontier”, en el que sostuvo que la industria debe reducir la velocidad de la carrera por los modelos de frontera para permitir que los mecanismos de seguridad puedan acompañar el aumento de sus capacidades.
