El informe identificó a la debilidad de la demanda interna como uno de los principales obstáculos para el desempeño del sector.
El impacto se reflejó especialmente en las ventas: el 50% de las empresas registró caídas en el mercado local, mientras que el 42,9% informó una reducción de su producción.
La situación fue todavía más compleja entre las micro y pequeñas industrias, donde las bajas alcanzaron al 54,8% de las firmas en ventas y al 47,8% en producción.
Al menor nivel de actividad se sumó una presión creciente sobre los costos operativos, con especial incidencia de los servicios energéticos.
El deterioro del volumen de negocios también comenzó a afectar la capacidad de las empresas para cumplir con sus compromisos financieros.
Según el relevamiento, el 47,6% de las industrias tuvo dificultades para afrontar al menos uno de sus compromisos financieros habituales, mientras que el 9,2% enfrentó problemas para cubrir de manera simultánea la totalidad de sus pagos. El escenario también condiciona las decisiones de inversión y las expectativas de crecimiento del sector.

