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Les pidieron amablemente que le ganen a Tigre de local el sábado y que en el clásico que se disputaría en noviembre eliminen a Rosario Central. Los jugadores recibieron a los barras, que accedieron al predio con anuencia de los dirigentes, ya que no podrían haberlo hecho de otra forma.
Los aprietes de la barra no son nuevos en el fútbol argentino, lamentablemente suceden desde hace muchos años, lo novedoso del caso es que la dirigencia del club se preste a semejante situación, como si hiciera falta recordarles a los protagonistas que su objetivo es ni más ni menos que ganar.

