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Las mil y una razones de una derrota inesperada pero previsible

 


El Frente de Todos sufrió anoche una dura derrota que nadie vio, inesperadamente cayó a los pies de Juntos por el Cambio, principalmente por errores propios y varios ajenos, pero el electorado le facturó todos al Gobierno, sin rendición de cuentas. De nada valió intentar explicar vanamente unos días antes que "solo habían podido gobernar 99 días" y que después vino la pandemia, los resultados no están y la gente enojada castigó con su voto. 

Los indicadores económicos son espantosos. La inflación no cede, tras un primer año donde se logró bajar algunos puntos, principalmente por falta de actividad económica, desde un tiempo a esta parte volvió a situarse por encima del tres por ciento mensual, principalmente reflejada por un aumento exponencial del precio de los alimentos que hizo que llevar comida a la mesa de los argentinos fuera cada vez más difícil. Con la comida de la gente no se jode, se creó una Mesa contra el Hambre, de dudosos resultados, rodeado de figuras apolíticas que no dudaron en correrse pronto, ni bien sintieron que nada cambiaría. 

En impuestos se contuvo bastante el alza indiscriminada, después del cuatro mil por ciento de aumento de los servicios por parte del macrismo, Fernández pisó el freno y recién este año habilitó alguna corrección leve, la gente ya no podía pagarlos antes a precios dolarizados, mucho menos con sus salarios devaluados, ya que el dólar subió más del 100 % en este gobierno. El poder adquisitivo del salario perdió por goleada estos años y se estima que en promedio cayó cerca del 25 %. Los combustibles siguieron subiendo y hoy cuesta más de 5 mil pesos llenar un tanque. El precio del GNC subió exponencialmente y es el que más utilizan los laburantes. 

En materia de alquileres, se votó un ley que no conformó a nadie. Los propietarios quitaron la mayoría de las unidades habitacionales de la oferta y esto disparó exponencialmente los precios, que hoy valen al menos un 50 % más que antes y hay un 50 % menos opciones. Además, por el mecanismo de actualización estipulado en la nueva normativa, dependiente de la inflación, un departamento que se alquiló el año pasado - en octubre - en 30 mil pesos pagará el mes próximo 45 mil, cifra inalcanzable para demasiada gente en el país. Antes de la ley, se pactaba un 30 % de aumento anual, menor casi siempre a la inflación de los últimos años.  

En materia de Ganancias, se creó un engendro legislativo de autoría de Sergio Massa, que no modificó en realidad el mínimo no imponible, a pesar que así se lo vendió en los medios. Puso un tope sí, sobre el que se supone que la gente no abonaría el impuesto al salario ($150 mil bruto). Con las paritarias reabiertas producto de la inflación, mucha gente que había quedado afuera ya está nuevamente adentro y otra que nunca salió, porque más o menos tenía un sueldo medio, está siendo esquilmada, destrozada a descuentos que merman considerablemente su salario. Un trabajador necesita 100 mil pesos para no caer bajo la línea de pobreza, y si cobra 150 mil de bolsillo, le descuentan 39.500 de Ganancias. Un saqueo. 

A los jubilados y pensionados también les tocó su parte. Si bien hoy les dan los remedios gratis, o la gran mayoría de ellos, aquellos que todavía pagan lo hacen a precios siderales. Se modificó la fórmula de actualización de haberes, previa suspensión de la vigente, y se dispusieron aumentos por decreto, con algunos insuficientes bonos para los que menos tienen. Hoy el gasto previsional es menor por exigencia del FMI, y los 25 mil pesos que cobran el 85 % de ellos parecen ínfimos, frente a una inflación que devora sus ingresos impiadosamente. 

La clásica pelea con el campo, que viene desde el establecimiento del Estatuto del Peón Rural, dictado por el mismísimo Juan Domingo Perón, renovado con la 125 durante el kirchnerismo tomó nuevamente ribetes insospechados. Se tocaron algunas variables, se pusieron nuevamente las retenciones en niveles máximos, se dispuso cepo a la exportación de carne para intentar bajar el precio en góndola, el kilo de asado subió un 120 % durante la presidencia de Fernández y un kilo de entraña, por ejemplo, se paga mil pesos en góndola en Rosario. Los niveles de consumo de carne bovina son los menores en los últimos 70 años, algo impensado para un gobierno que se precia de peronista. La marcha y contramarcha con Vicentin, la falta de apoyo del gobierno provincial, que ayer jugó para el Gobierno, fueron una muestra de una política improvisada para el sector.  

La pobreza avanzó al 50 % en la presidencia de Fernández, lejos de bajar, los niveles se elevaron, es cierto, la pandemia contribuyó demasiado, pero nada hizo para bajarla. El viejo verso de sustitución de planes por empleo genuino nunca llega, y habrá que ver cuál es la reacción de los movimientos sociales cuando esto se produzca. No todos los beneficiarios están en condiciones de tener un nuevo empleo, porque de hecho ya lo tienen, trabajan en negro, y reciben un plan y así llegan a fin de mes, o casi.

La desocupación también subió bajo la presidencia de Alberto Fernández, ya lo venía haciendo desde el gobierno de Mauricio Macri, la pandemia cerró miles de comercios y se perdieron centenares de miles de puestos de trabajo. Pobreza, marginalidad y desocupados, todos llevados a su máxima expresión son incompatibles con resultados favorables en contiendas electorales. Con esos números, nada hacía pensar que algo sería diferente.   

Otro importante factor a tener en cuenta es que el Gobierno renunció a hacer campaña. Fernández y CFK no salieron de Buenos Aires, hicieron apenas un par de actos en localidades bonaerenses y sus candidatos en el resto del país salieron huérfanos a poner el cuerpo. Se movieron dentro de su zona de confort, y así no se hace política. No siempre da resultado salir de gira, pero Macri logró achicar mucho la diferencia en sus frenéticos días con la campaña del #Sí, se puede, solventada enteramente con fondos públicos.  

Más allá de la pertenencia partidaria, del afecto por la indiscutible figura de CFK, la dirigente política que guste o no, acapara mayores adherentes y rechazos del país, los millones de votantes que ayer apoyaron de todas formas al Gobierno lo hicieron por tradición y afecto, seguramente no porque Alberto Fernández les haya mejorado la vida. El Gobierno fracasó en los principales postulados que propuso en campaña, y la gente se lo hizo saber con creces. Sufrió una dura derrota, podrá atenuarla algo en las legislativas de noviembre, pero no revertir el resultado. 

Si algún factor externo le faltaba a la de por sí ya pesada herencia económica recibida, agravada por la pandemia era un componente moral. Primero fue el vacunatorio VIP, que hizo saltar por los aires el eficiente ministro de Salud, Ginés González García. Cuando parecía que eso iba quedando atrás por la rapidez con que se consiguieron vacunas cuando estuvieron por fin disponibles y la campaña de vacunación iba viento en popa estalló el escándalo del cumpleaños de Fabiola. El presidente, que los mandó a encerrar a todos, que prohibió la diversión y la fiesta, festejó sin distanciamiento ni barbijos el cumpleaños de su mujer en Olivos. Bingo.     

Los puntos apuntados son sólo algunos de los miles de motivos por los cuales el Gobierno sucumbió ayer en la PASO, seguramente habrá muchos más, por ahora son suficientes para una primera lectura, rápida y veloz, todavía con urnas calientes, tan calientes que un par de ellas aparecieron hoy tiradas en la calle en la zona sur de Rosario. 

Fernando Paulo Viglierchio

(Especial para RosariNoticias)    

           


 

     




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