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La COP26 selló un tibio acuerdo para combatir el cambio climático

 




Diplomáticos y líderes de casi 200 países llegaron este sábado a un acuerdo en la COP26 destinado a intensificar los esfuerzos para combatir el cambio climático, pidiendo a los gobiernos que regresen el próximo año con planes más sólidos para frenar sus emisiones que calientan el planeta e instando a las naciones ricas a “al menos duplicar” la financiación para 2025 para proteger a las naciones más vulnerables de los peligros de un planeta más caluroso. 

El “Pacto de Glasgow” para acelerar la lucha contra el cambio climático y esbozar las bases de su futura financiación no garantiza el objetivo de limitar el calentamiento global 1,5ºC. La aprobación final del texto, al término de dos semanas de duras negociaciones, se selló con un martillazo de Alok Sharma, el presidente británico de las negociaciones.

Fue después de una intervención de último momento de la India para mitigar el lenguaje sobre la reducción de emisiones del carbón. Varios países, incluidas pequeñas naciones isleñas, dijeron que estaban profundamente decepcionadas por la expresión “reducir gradualmente” en lugar de “eliminar gradualmente” la energía generada por el carbón, la mayor fuente de emisiones de gas invernadero. 

“El mundo sigue estando a las puertas de una “catástrofe climática”, advirtió este sábado el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, tras la aprobación del Pacto de Glasgow. La COP26 logró “pasos hacia adelante que son bienvenidos, pero no son suficientes”, estimó en un comunicado. 

El Pacto de Glasgow propone que los Estados miembros presenten a finales de 2022 nuevos compromisos nacionales de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero, tres años antes de lo previsto, aunque “teniendo en cuenta las diferentes circunstancias nacionales”. 

La aprobación del acuerdo quedó deslucida por la oposición de último minuto de la India y China a un párrafo sobre la necesidad de eliminar la dependencia del carbón, y para acabar con los subsidios a los combustibles fósiles. El nuevo acuerdo no resolverá por sí solo el calentamiento global, a pesar de las demandas urgentes de muchos de los miles de políticos y activistas reunidos en la cumbre climática en Glasgow. 

Deja sin resolver la cuestión crucial de cuánto y con qué rapidez cada nación debería reducir sus emisiones durante la próxima década. Y todavía deja a muchos países en desarrollo muy por debajo de los fondos que necesitan para generar energía más limpia y hacer frente a desastres climáticos cada vez más extremos.

Las conversaciones subrayaron la complejidad de tratar de orientar a decenas de países, cada uno con sus intereses económicos particulares y su política interna, para que actúen al unísono por el bien común. Pero el acuerdo estableció un claro consenso de que todas las naciones deben hacer mucho más, de inmediato, para evitar un aumento catastrófico de las temperaturas globales. 

Describió los pasos específicos que el mundo debería tomar, desde reducir drásticamente las emisiones globales de dióxido de carbono casi a la mitad para 2030 hasta frenar el metano, otro potente gas de efecto invernadero. Y establece nuevas reglas para responsabilizar a los países por el progreso que logran o no logran.


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