Pasó el clásico de la ciudad, el DT leproso, Cristian Fabbiani se fue sin hablar, quizás no hay tenido nada para decir, y esa fuera la mejor forma de resumirlo. La puesta en escena fue pobre y mezquina casi podría decirse que nunca tuvo verdaderas intenciones de ganar el partido, y el empate aparecía como el máximo premio que planeó en su cabeza, pero un golazo de otro partido cambió la ecuación final.
El Ogro no tiene demasiado, claro está, hace lo que puede con lo que tiene y trata de sacarle jugo a las piedras. El primer mérito al frente del plantel es asumirlo, saber a que equipos puede lastimar y a cuales no, por eso no arriesga demasiado y desde hace algunas fechas, juega con línea de 5 jugadores en el fondo, y manda a cabecear a Noguera hasta los saques laterales.
Se trata sin dudas de un intento desesperado de tratar de asegurar el cero en el arco, y ver si en alguna pelota parada puede lastimar al rival. Luego defenderlo con uñas y dientes, tratando de asegurarlo de contra. Si el fútbol no aparece, hay que tratar de no perder siempre y ver si el destino depara alguna sorpresa.
Ayer llegó una sola vez, en una pelota rechazada desde el fondo, generó un mano a mano de Cocoliso con Quintana que pudo ser gol, pero el remate se fue sobre el travesaño, de un Broun al que no le vieron la cara de cerca en toda la tarde de Arroyito. Había sacado a un intrascendente Maroni, quizás el único que podría aportarle algo de fútbol. Faltaba poco, el objetivo estaba cerca, incluso ya había sido amonestado el arquero por demorar, pero un extraterrestre como Di María cambió el rumbo del partido.
Luego del gol, mandó a la cancha a Juachón García, separado del plantel durante bastante tiempo por no ser del gusto del entrenador, pero sumado por falta de llagada de otras opciones y al Pipa Benedetto, a sumar sus primeros minutos oficiales con la camiseta rojinegra. Poner tres 9 juntos para intentar torcer el rumbo luego de haber especulado con el empate no terminó siendo el remedio. La apuesta fue obligada, casi en la resignación que no se tenía con que ganarlo, se apostó a empatar y se lo terminó perdiendo, es cierto, con un gol de otro planeta. Fabbiani lo reflejó en su rostro.
