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UIA Santa Fe: “Hay una estabilidad engañosa e insostenible”

 


El presidente de la Unión Industrial de Santa Fe (Uisf), Cristian Fiereder, aseguró que en su provincia “hay plantas paradas, persianas bajas y sueños truncados”. Y remarcó que eso ocurre como “resultado de un modelo que, aunque busque la estabilidad macroeconómica, está castigando severamente la producción nacional”. 

“Es fundamental reconocer que el actual gobierno nacional logró avances significativos en la compleja tarea de dominar la inflación y ordenar las principales variables macroeconómicas. Este paso es vital y sienta una base necesaria. 

Sin embargo, resulta una estabilidad engañosa si prioriza exclusivamente la valorización financiera y los enclaves extractivos. Es, en definitiva, una estabilidad que se basa en masivas transferencias al sector financiero las cuales se pagan con el quiebre de la economía productiva.

Siendo, a la corta o a la larga, una estabilidad insostenible. Fiereder sostuvo que “la política macro no puede diseñarse dejando de lado la indispensable pata productiva. Un país no puede aspirar a un desarrollo genuino y equitativo sin producción y agregado de valor.

Y allí la industria argentina significa un vector estratégico de primer orden. Con decenas de miles de unidades productivas siendo una de las fuentes más relevantes de empleos de calidad y complejidad técnica”.

Sin embargo, subrayó que “la realidad que enfrentan miles de pymes argentinas es crítica. No es la automatización lo que apaga nuestras luces, sino la falta de políticas industriales coherentes y sostenibles a nivel nacional. La asfixia de nuestras fábricas se debe a factores recurrentes que, si no se revierten, terminarán de desmantelar nuestro entramado productivo”. 

El titular de la Uisf enumeró una serie de cuestiones urgentes de resolver que acucian al entramado productivo santafesino. Pero que son igualmente prioritarias para toda industria en cualquier rincón del país. Una de ellas es “la competencia desleal de importaciones. 

El gobierno nacional está forzando, es decir, subsidiando, un dólar barato. Y si a ello se agrega la apertura indiscriminada de importaciones, a menudo subsidiadas o con costos laborales irrisorios en sus países de origen, ello significa la inundación de nuestro mercado con importaciones que desplazan la producción local. Cada importación que sustituye a un producto argentino es un puesto de trabajo menos, una máquina que se detiene y una familia que pierde su sustento”.

 También puso de relieve “la caída brutal del consumo interno que provocó el freno a la obra pública y el estancamiento de los salarios reales. Esto impacta directamente en la demanda de bienes y servicios nacionales. Sin un mercado interno robusto, nuestras fábricas carecen de la escala necesaria para operar de manera rentable”. 

Del mismo modo, señaló “los altos costos productivos y financiamiento inaccesible. La presión tributaria agobiante, las tasas de interés exorbitantes y la crónica falta de acceso a un financiamiento competitivo minan cualquier posibilidad de inversión, modernización o expansión de nuestras empresas”. 

“A todos los puntos mencionados se suma el cierre de las secretarías de Industria y Comercio, y de la Pequeña y Mediana Empresa. Limitando así las posibilidades de articulación publico privada. 

Y dejando vacante un espacio clave de promoción del desarrollo industrial del país”. Fiereder advirtió que “las consecuencias de esta situación son devastadoras y se extienden mucho más allá de las paredes de las fábricas”. 

Puntualizó “la caída de empleos calificados y proliferación de la precarización laboral. Cada puesto industrial que se pierde, no solo representa la pérdida, sino también la triste proliferación de la precarización laboral. Trabajadores, expulsados de la producción formal, se ven forzados a buscar sustento en la economía informal. 

A través de múltiples trabajos, a menudo en plataformas de traslado o servicios con nulas coberturas sociales y sin los derechos laborales básicos. Esto no es progreso, es un retroceso alarmante que erosiona la dignidad del trabajo”. 

También alertó sobre “la erosión irreversible del tejido industrial y de valor agregado. La desindustrialización no es un concepto abstracto, es la pérdida de nuestra capacidad productiva. 

Así como la dependencia de terceros y la incapacidad de generar valor agregado. Nos condena a ser un país primarizado, vulnerable a las fluctuaciones de los mercados internacionales de commodities. Los servicios, por sí solos, no pueden sostener una economía robusta.

Son un anexo, un complemento indispensable de un sistema productivo sólido, no su reemplazo. Si esta tendencia continúa, nos convertiremos en un mero almacén de productos importados, sin capacidad para generar empleo de valor ni divisas genuinas”.


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