El presidente de la CAIJ, Matías Furió, explicó que la expectativa para el cierre del año centra su foco en revertir la calidad del nivel de actividad. Meses previos registraron caídas fuertes; solo noviembre acusó un retroceso del 30%, octubre del 10%, a lo cual se sumó un Día del Niño con una baja del 5%.
Sin embargo, la venta de artículos de Navidad dio un ligero cambio a la tendencia en los últimos días.
El sector enfrenta un problema estructural en la demanda. Desde 2015, la tasa de fecundidad descendió drásticamente de 2,4 a 1,4 hijos por mujer, lo que representó una caída del 42%.
Esta tendencia redujo de forma estructural la población infantil y, por consiguiente, la demanda potencial de juguetes.
Las proyecciones poblacionales confirman este escenario. La población total entre 0 y 14 años, que se estimó en 10.420.687 personas en 2022, disminuirá hasta alcanzar los 6.802.901 para 2040.
Esto significa una caída del 35% de la población objetivo para el sector.
Además, la creciente exposición a pantallas y dispositivos digitales desde edades tempranas compite con el juego físico, creativo y social, un factor que desplaza el tiempo y el interés por el juguete tradicional.
En el plano comercial, la situación se complejizó a raíz de un mercado sobredimensionado por un ingreso extraordinario de importaciones.
Entre enero y octubre, las importaciones de juguetes alcanzaron 91,3 millones de dólares FOB (Valor sin flete ni seguro) y 17,5 millones de kilos.
Esto significó un incremento interanual del 59,5% en valores y del 94% en volumen. China explicó el 85,7% del valor y el 94,4% del volumen importado.
Furió informó sobre una “avalancha sin precedentes”. Explicó que en un año el número de importadores de juguetes pasó de 199 a 530, mientras que el volumen importado se disparó de 9 millones a 17,5 millones de kilos, todo esto con el consumo en caída.
Enfatizó que China explicó casi el 95% del volumen importado, una concentración que es la más alta de los últimos 20 años.
El dato más alarmante radica en el costo de la mercadería: el 52% del volumen corresponde a productos de menos de u$s3 FOB por kilo.
Esto confirmó una avalancha de artículos de muy bajo costo, muchos de ellos subvaluados o declarados por debajo de su valor real. Si se incluyen juegos de mesa y artículos de fiesta, el volumen total asciende a 28,4 millones de kilos.
Con estos niveles, 2025 se perfila como el año de mayor ingreso de productos en dos décadas, incluso superior al pico de 2018, pero con una diferencia crítica: el consumo cayó.
A esto se añade que el mercado absorbe excedentes de stock de 2023, que ingresó a un dólar oficial muy bajo, lo que generó sobreoferta, caída de precios y distorsión en el mercado.
La industria argentina del juguete puede competir en calidad, diseño y seguridad, pero enfrenta una desventaja estructural frente a Asia.
Los costos laborales, ambientales y energéticos más bajos, sumados a incentivos a la exportación, distorsionan los precios internacionales.
Esta asimetría profundiza la competencia desleal.
Además, el sector sufre el impacto del contrabando, una práctica que explica el 30% del mercado.
Se registraron casos de bazares que viajan periódicamente a zonas fronterizas para abastecerse de mercadería ilegal, lo que genera no solo evasión fiscal y competencia desleal, sino un grave riesgo para las familias, ya que estos artículos no cumplen ninguna norma de seguridad.
La CAIJ denunció la presencia de juguetes ofrecidos en plataformas de comercio electrónico que registran alertas de retiro (recall) en Estados Unidos. Organismos regionales, como Brasil, detectaron juguetes con presencia de metales pesados y sustancias prohibidas.

