En su columna en The New York Times, denunció los bombardeos en territorio venezolano como un signo de la erosión del derecho internacional, mientras que en La Nación celebró la firma del acuerdo Mercosur–Unión Europea como una respuesta multilateral frente al aislamiento de los mercados.
Desde el diario estadounidense, Lula sostuvo que las grandes potencias han debilitado la autoridad de la ONU y que el uso de la fuerza como regla pone en riesgo la paz y la estabilidad global.
Según su planteo, ningún Estado tiene legitimidad para imponer justicia de manera unilateral, y prácticas como las aplicadas en América Latina generan violencia, inestabilidad y afectan el comercio y la inversión. Recordó que es la primera vez en más de dos siglos que Sudamérica sufre un ataque militar directo de Estados Unidos.
El ex presidente brasileño defendió que la región, con más de 660 millones de habitantes, tiene sus propios intereses y sueños, y no debe someterse a proyectos hegemónicos. Propuso una agenda regional positiva que incluya inversiones en infraestructura, generación de empleo, ampliación del comercio y cooperación contra el hambre, la pobreza y el cambio climático.
También rechazó la división del mundo en zonas de influencia y sostuvo que el futuro de Venezuela debe estar en manos de su pueblo, mediante un proceso político inclusivo.
Al mismo tiempo, aseguró que Brasil mantiene un diálogo constructivo con Washington y que ambas democracias deben unir esfuerzos en inversión y combate al crimen organizado.

