Desde la propia empresa mendocina reconocen que el deterioro no fue abrupto, sino el resultado de lo que describen como una “tormenta perfecta” que golpeó tanto al mercado interno como a las exportaciones.
Sergio Pomar, gerente de una de las divisiones de la bodega, había anticipado meses atrás que el sector enfrentaba crecientes dificultades para sostener sus compromisos, en un contexto de costos en alza y ventas en retroceso.
Con el default ya expuesto, Bodegas Bianchi difundió un comunicado en el que aseguró que las decisiones adoptadas apuntan a “honrar casi 100 años de historia vitivinícola de excelencia desarrollada en Mendoza y orgullo de la Argentina”, y descartó una paralización de sus actividades productivas.

