El ministro de Defensa, Carlos Presti, designó al contraalmirante Pablo Javier Barbich como nuevo titular de la Dirección General de Inteligencia (DGI) del Estado Mayor Conjunto (EMCO) de las Fuerzas Armadas.
A partir de este nombramiento, el oficial tendrá a su cargo la relación directa con la Secretaría de Inteligencia del Estado, en un contexto de profundos cambios en el esquema de inteligencia nacional.
La designación de Barbich se produce en pleno debate político e institucional por la reestructuración del sistema de inteligencia, impulsada por el presidente Javier Milei a través del Decreto de Necesidad y Urgencia 941, firmado el 31 de diciembre por la tarde.
En ese marco, la oposición en el Congreso busca derogar la norma, al considerar que altera el equilibrio de control civil sobre los organismos de inteligencia.
En particular, el decreto dio respuesta a un histórico reclamo de las Fuerzas Armadas al eliminar la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DNIEM), organismo que podía ser conducido por autoridades civiles.
Al respecto, el exministro de Defensa, Jorge Taiana advirtió que esta modificación incrementa de manera significativa la influencia de los uniformados dentro del sistema de inteligencia.
Por su parte, Barbich, quien fue ascendido a contraalmirante en diciembre de 2025, cuenta con una extensa trayectoria en el área. Entre 2018 y 2019 se desempeñó como enlace de la DNIEM en Washington, función que consolidó sus vínculos con el aparato de defensa y seguridad de Estados Unidos.
Además, durante ese período, realizó el curso sobre redes transnacionales ilícitas en el Centro William J. Perry de Estudios Hemisféricos, una institución que también fue frecuentada por referentes de La Libertad Avanza, como la vicepresidenta Victoria Villarruel, Agustín Laje y Nicolás Márquez.
En ese sentido, su perfil refuerza la orientación internacional y estratégica que el Gobierno busca imprimirle al área de inteligencia militar.
El nombramiento de Barbich se inscribe en una etapa de redefiniciones profundas del sistema de defensa e inteligencia, marcada por un mayor protagonismo de las Fuerzas Armadas y un alineamiento más estrecho con los intereses estratégicos de Washington.
