El pontífice estadounidense, que asumió tras la histórica era de cambios tecnológicos, sostuvo que "eludir el esfuerzo del propio pensamiento, conformándonos con una compilación estadística artificial, corre el riesgo, a largo plazo, de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas".
Según su visión, la revolución digital no debe ser detenida, pero sí "guiada" de manera urgente para evitar que el tejido social y político quede supeditado a la lógica de los algoritmos.
Reflexionó sobre el impacto de la tecnología en la industria cultural y la comunicación, señalando que gran parte de la creatividad humana "corre el riesgo de ser desmantelada" ante la producción masiva de textos, música y videos generados por máquinas.
En este contexto, expresó su preocupación por la persuasión encubierta de los 'chatbots' y la simulación de relaciones en redes sociales, donde "es cada vez más difícil comprender si estamos interactuando con otros seres humanos o con 'bots'".

