No solo negó las acusaciones, sino que puso su propia credibilidad como garantía de la honestidad del funcionario:
Ante la consulta sobre posibles cuestionamientos de otros ministros, el libertario afirmó que nadie en su equipo le ha planteado ninguna objeción formal contra el jefe de Gabinete, aunque aprovechó para marcar la cancha con un mensaje amenazante.
De esta manera, el momento de mayor tensión ocurrió cuando se le preguntó por las internas en la Casa Rosada. Enojado, Milei reafirmó su liderazgo de manera vertical y sin espacio para el disenso. "El Presidente soy yo, el que toma las decisiones soy yo, el que decide el rumbo soy yo, y el que decide quiénes son las personas que me acompañan soy yo. Y si a alguno no le gusta, me lo dirá, y se tendrá que fumar qué decido y si no, se va", sentenció.

