La victoria les valió a los Tres Leones firmar su segunda mejor producción en la máxima cita ecuménica, quedando solo por detrás de la gloria alcanzada en 1966.
La propuesta inicial fue enteramente de los de la isla, que expusieron las severas falencias defensivas de un elenco galo llamativamente pasivo. Declan Rice madrugó a todos a los dos minutos de juego y Ezri Konsa amplió la cuenta de cabeza a los 18.
Con transiciones directas y letales ante la alarmante cantidad de espacios libres, Saka facturó por duplicado antes del descanso para plasmar un 4-0 que parecía liquidar la historia de manera anticipada.
Sin embargo, el orgullo del subcampeón vigente reaccionó en el complemento tras el sacudón de Didier Deschamps en el vestuario, quien metió cuatro variantes juntas de un tirón.
Francia salió con otra impronta y metió miedo con los descuentos veloces de Bradley Barcola y Kylian Mbappé, quien se terminó coronando dueño absoluto de la Bota de Oro con 10 conquistas, superando a Lionel Messi.
Pese al asedio francés y la ráfaga que puso el partido a tiro de empate, Inglaterra sacó provecho de un penal convertido por Saka y una genialidad final de Jude Bellingham para bajarle la persiana a un festival de diez goles que significó, además, el adiós definitivo de Deschamps de la banca gala tras un largo y exitoso ciclo.
