Scaloni supo cambiar, con un solo cambio en la formación original, pero otra predisposición en la cancha, mordiendo cada pelota, raspando, dejando la piel, con orden, jugando casi al ajedrez, y una arremetida final inolvidable, la selección está en otra final del mundo, será la tercera de Lionel Messi, el astro mundial, que se niega a irse, una estrella que no se apaga.
Tras un primer tiempo de estudio, donde no se dieron ventajas y con muy pocas situaciones de gol, una única de Enzo Fernández desde afuera del área que se fue muy cerca y sin que Dibu tenga que esforzarse nunca, Argentina le sacó ritmo a un seleccionado inglés que nunca pudo jugar a lo que le gusta.
En la segunda etapa, Argentina salió a hacer otra cosa, comenzó a animarse, pudo ponerse en ventaja con un remate de Julián Álvarez que el arquero achicó abajo. Inglaterra aprovechó un rebote defectuosos de Tagliafico, que jugó un partidazo y tuvo la mala fortuna que la pelota lo sobre, centro al medio y gol de Inglaterra, convertido por Gordon, que se le escapó a Molina cuando se jugaban '55.
Inglaterra, como lo hizo cada vez que se puso en ventaja durante todo el mundial, eligió meterse atrás. Scaloni puso delanteros y sacó defensores, el técnico inglés hizo lo contrario. El arquero se convirtió en figura, sacó tres situaciones claras de gol y los palos impidieron dos.
Pero a los '85, Enzo Fernández desde afuera del área probó por tercera vez, con efecto inverso al vuelo del arquero y puso el 1 a 1, delirio absoluto, el campeón estaba de pie y se negaba a rendirse. En los últimos minutos lo pasó por arriba, a puro corazón, atacaban todos, defendían todos, una aplanadora lanzada al ataque buscando la final.
Y esta vez fue Lautaro, tras un centro preciso de Messi, parecía que no iba a pasar, pero sucedió, puso todo el parietal para estampar otro centro y ponerla arriba, fuera del alcance del arquero, para sellar el 2 a 1 definitivo.
De menor a mayor, siendo mezquino cuando había que serlo, cuidando cuando había que cuidar, animándose cuando había que animarse, y atacando en bolas cuando hubo que hacerlo, descuidándose atrás, daba lo mismo, las derrotas no tienen número, son todas derrotas, y las victorias, se festejan, se disfrutan y dejan soñar con el bicampeonato. Quizás sea demasiado...España es un gran rival, quien no lo sabe, pero este equipo no es menos que nadie.
La fuimos a defender, como dijo Scaloni, y allí estaremos, mano a mano, el sueño eterno está más cerca, y este equipo permite soñar.
