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Crece el malestar de vecinos de Pichincha con deficientes inspecciones municipales a comercios

 


La noche de Pichincha está que arde, proliferan cada vez más espacios de gastronomía en el sector y cada vez más gente elige esa zona de la ciudad para pasar un rato agradable. Bares y restaurantes cuentan con un variado menú para satisfacer a sus potenciales comensales y las cervecerías tradicionales de hace dos años fueron perfeccionando su carta, para ofrecer más variantes a sus clientes. 

El tradicional gusto por la cerveza artesanal parece haber pasado de moda para dar lugar a los tragos, una nueva tendencia que atrae cada vez más adeptos. La mayoría de esos bares incorporó amenización musical a sus divertidas noches, y a pesar de estar habilitados como boliche, en determinada hora se sube el volumen y se insta a la concurrencia a tirarse unos pasos. 

Esta nueva modalidad, cada vez más frecuente, no cuenta con habilitación a tal efecto, pero sí tiene ineludiblemente complicidad de algunos agentes municipales que hacen la vista gorda al asunto, que por supuesto genera la permanente queja de los vecinos. Incluso varios lugares no tienen espacio dentro de sus locales y muchos de los concurrentes permanecen en las veredas, consumiendo alcohol incluso de parados en una previa que se hace eterna, porque nunca terminan ingresando a ningún local.

"Ahora viene la Municipalidad", les avisaron a los concurrentes el sábado mientras se sacudían al ritmo de la música. Los inspectores pasaron y luego de un rato todo siguió como estaba, música a alto volumen hasta altas horas de la noche, incluso algunas comenzando la madrugada. El derecho al ocio y la diversión es la premisa juvenil, pero el descanso nocturno por parte de los vecinos es otro, que colisiona cada vez más, con una ciudad que debería ser vivible para todos.


 

  




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